Newell’s volvió a sonreír en el Coloso después de una espera cargada de frustraciones. En un partido que parecía condenado al empate sin goles, el equipo de Cristian Fabbiani encontró aire en los últimos minutos y derrotó 2-0 a Atlético Tucumán por la octava fecha del Torneo Clausura, con tantos de Víctor Cuesta y del juvenil Facundo Guch, que tuvo un debut soñado en Primera División.
La noche en el Parque Independencia transitaba en la monotonía. Al local le costaba demasiado generar juego: Ever Banega estuvo lejos de ser el conductor de otras jornadas, Gonzalo Maroni no lograba enlazar claridad y Josué Colman, flamante incorporación, apenas pudo conectar un disparo aislado tras una cesión de Alejo Montero. El Decano, por su parte, se replegaba sin demasiadas ambiciones, más preocupado por sostener el cero que por lastimar al rival.
Todo parecía encaminarse hacia un empate hasta que, a los 37 minutos del segundo tiempo, una pelota parada torció la historia. Tras un córner ejecutado por Maroni y una serie de rebotes, el experimentado Víctor Cuesta apareció en el área para sacar un zurdazo bajo que venció la resistencia de Mansilla. Fue el 1-0 y el desahogo de un estadio que empezaba a impacientarse.
Con la ventaja, Fabbiani apostó por los juveniles. El ingreso de Giovani Chiaverano fue clave: en una gran corrida por la izquierda dejó atrás a sus marcadores y asistió a Facundo Guch, que abrió el pie derecho para estampar el 2-0 definitivo en tiempo de descuento. El delantero de 18 años, que se declaró hincha leproso “desde los cuatro años”, celebró su primer gol en Primera ante la ovación de todo el Coloso.
El triunfo no oculta las deudas en el funcionamiento. Newell’s sigue mostrando dificultades para elaborar juego sostenido y depender menos de las individualidades. Sin embargo, la victoria vale más que tres puntos: le permite alcanzar las 9 unidades, escalar al noveno lugar de la Zona A y, sobre todo, recuperar confianza en un torneo que lo tenía más cerca de las dudas que de las certezas.
Atlético Tucumán, que quedó octavo en la Zona B también con 9 puntos, se marchó sin pena ni gloria. Apenas mostró atisbos de rebeldía después del gol de Cuesta, pero nunca dio señales de querer llevarse algo de Rosario.
El silbatazo final desató un alivio generalizado en el Coloso. Los hinchas encontraron en el festejo del pibe Guch la ilusión de que se viene una nueva camada, y en la victoria, al menos por esta noche, la tranquilidad de sentirse otra vez protagonistas en su casa.
