lunes 13 julio 2026

Murió una de las sobrevivientes de la tragedia de Monticas tras nueve años con graves secuelas

Una de las sobrevivientes de la tragedia de Monticas murió este domingo tras permanecer casi nueve años con graves secuelas derivadas del choque frontal entre dos colectivos ocurrido en 2017 sobre la ruta nacional 33. Se trata de María Belén Genga, de 49 años, oriunda de San José de la Esquina.

Casi una década después, este domingo se confirmó el fallecimiento de la mujer que había sobrevivido al siniestro vial ocurrido en febrero de 2017 sobre la ruta nacional 33, pero que desde entonces permanecía con gravísimas secuelas neurológicas y requería asistencia permanente.

Durante los nueve años posteriores al accidente, la mujer permaneció en estado vegetativo continuo, con internación domiciliaria y cuidados especializados las 24 horas. Su familia atravesó un largo recorrido de reclamos administrativos y judiciales para garantizar la continuidad de la atención médica, debido a los elevados costos que implicaba su tratamiento.

El choque ocurrió el 24 de febrero de 2017 a la altura del kilómetro 779 de la ruta 33, entre Pérez y Zavalla. Dos colectivos de la empresa Monticas colisionaron de frente después de que uno de ellos se cruzara de carril tras el reventón de un neumático delantero. El siniestro dejó 13 personas fallecidas, entre ellas ambos choferes, y más de 30 heridos, en lo que fue una de las mayores tragedias viales de la historia reciente de la provincia.

La investigación posterior reveló numerosas deficiencias en el mantenimiento de las unidades de la empresa. Tras el hecho, el Gobierno de Santa Fe retiró la concesión a Monticas y años después la causa judicial concluyó sin condenas de prisión efectiva para los responsables.

La historia de María Belén Genga. La mujer fallecida era oriunda de San José de la Esquina. Aquella mañana del 24 de febrero de 2017 había viajado hasta Casilda para abordar el colectivo con destino a Rosario, donde pensaba encontrarse con una amiga. La preocupación comenzó cuando dejó de responder el teléfono y su familia inició una desesperada búsqueda por hospitales hasta que finalmente pudo identificarla gracias a uno de sus tatuajes.

María Belén ingresó al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez rosarino con múltiples traumatismos. Los médicos lograron salvarle la vida, pero las lesiones neurológicas resultaron irreversibles. Desde entonces permaneció postrada y dependió de una compleja estructura de internación domiciliaria sostenida por su entorno familiar.

Antes del siniestro vial llevaba una vida dedicada al arte y al bienestar. Era artesana, profesora de yoga y de danzas árabes, había vivido en España e Italia y tenía previsto viajar a la India pocos días después del choque para continuar su formación. Su historia se convirtió en uno de los casos más emblemáticos entre los sobrevivientes de la tragedia.

En los años siguientes, su familia también protagonizó una larga batalla para sostener la atención médica especializada, denunciando dificultades para cubrir los costos de la internación domiciliaria y promoviendo acciones judiciales para garantizar la continuidad de las prestaciones. Su muerte vuelve a poner en primer plano las consecuencias que el choque de Monticas dejó para las víctimas y sus familias, incluso nueve años después.


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