Una denuncia por manipulación y difusión de fotografías de alumnas del Colegio Verbo Encarnado activó medidas de protección y reuniones con las familias. El caso, conocido públicamente este viernes, se suma a otros episodios de violencia digital registrados en escuelas del país y vuelve a poner en discusión cómo prevenir estas prácticas y acompañar a quienes las sufren.
La situación fue advertida el miércoles por dos familias que se presentaron ante las autoridades del establecimiento, ubicado en La Paz al 500. Según informaron desde la institución, se busca determinar cuántas estudiantes fueron afectadas y quiénes participaron en la producción y circulación de las imágenes. También se analiza si se utilizaron herramientas de Inteligencia Artificial para adulterar las fotografías y generar contenidos falsos con apariencia real.
Los estudiantes señalados dejaron de asistir al colegio de manera preventiva, mientras las alumnas afectadas continuaron sus clases. El Ministerio de Educación provincial intervino en la organización de encuentros con los familiares. Desde el Ministerio Público de la Acusación indicaron el viernes que, hasta ese momento, no se registraban medidas fiscales vinculadas con el caso.
Entre las decisiones adoptadas, la escuela dispuso que los celulares permanezcan guardados durante la jornada. La hermana Wanda, representante legal de la institución, sostuvo que se trabaja de manera “seria y prudente” y explicó que las clases seguirán con normalidad. También señaló que se prevén acciones con estudiantes, docentes y familias, en el marco de la Ley Ema.
El episodio tiene antecedentes en otras provincias. En Córdoba, un estudiante del Instituto Superior de Comercio Manuel Belgrano fue investigado por colocar los rostros de compañeras sobre cuerpos desnudos y publicar esas imágenes en sitios pornográficos. Las víctimas tenían entre 15 y 16 años. Según la información publicada sobre el expediente, en marzo de 2026 se confirmó que el acusado sería llevado a juicio por lesiones graves calificadas por violencia de género.
En Lomas de Zamora, otra denuncia por presunta creación y difusión de imágenes sexuales falsas de alumnas derivó en tres allanamientos y el secuestro de dispositivos electrónicos. También se dispusieron medidas para evitar el contacto entre los investigados y las denunciantes. En San Justo, Santa Fe, se investigó a un adolescente de 14 años por la presunta manipulación y circulación por WhatsApp de imágenes falsas de seis compañeras.
En Santa Fe, la denominada Ley Ema creó el Sistema Provincial para la Prevención y Abordaje Integral de la Violencia Digital en el Ámbito Educativo. Su aplicación alcanza a establecimientos públicos y privados de todos los niveles y modalidades. Rosario incorporó sus lineamientos a las políticas locales de protección de niñas, niños y adolescentes mediante una adhesión aprobada por el Concejo Municipal.
La norma contempla conductas realizadas o agravadas mediante tecnologías que puedan provocar daños físicos, psicológicos, económicos, sexuales o morales, incluida la difusión no consentida de material íntimo. Lleva el nombre de Ema Bondaruk, una adolescente de 15 años que se quitó la vida en agosto de 2024 y cuya familia impulsó la legislación después de que se difundieran videos íntimos sin su consentimiento.
El abordaje también incluye herramientas de orientación para las comunidades educativas. La guía “Cuando las pantallas hablan”, presentada por el Ministerio de Justicia de la Nación y Unicef, trata situaciones de ciberacoso, grooming y difusión no consentida de imágenes, incluidos contenidos creados o modificados con inteligencia artificial. El material remarca que la responsabilidad corresponde a quienes producen o distribuyen esos archivos sin autorización, no a la persona cuya imagen fue utilizada.
Entre las recomendaciones figuran no reenviar el contenido, preservar de manera segura los datos que permitan documentar lo ocurrido y solicitar orientación para denunciar y pedir su remoción. En las escuelas, se propone proteger la privacidad, evitar nuevos hostigamientos y ofrecer acompañamiento psicológico y pedagógico. La escucha sin culpabilizar y el trabajo sobre el consentimiento son parte central de esa respuesta.
