El sábado a la noche, una caminata de apenas dos cuadras tuvo un trágico final para María Florencia González, de 37 años, peluquera y madre de dos adolescentes. Salió de su casa de Cavour al 2200, en barrio Empalme Graneros, junto a su hijo de 15 años y un amigo del chico para comprar una gaseosa. Nunca llegó: en la esquina con Ottone, al menos un hombre apareció y abrió fuego sin mediar palabra.
González recibió impactos que le provocaron la muerte en el lugar, mientras que su hijo sufrió una fractura de fémur producto de un balazo. El adolescente fue trasladado al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, donde permanece internado fuera de peligro.
Este lunes, en conferencia de prensa, los fiscales Matías Saldutti y Franco Carbone descartaron que la víctima tuviera relación alguna con bandas criminales o conflictos barriales. “No había radicado denuncias, no tenía antecedentes ni vínculos con organizaciones delictivas. Era una persona completamente ajena a este tipo de situaciones”, enfatizó Saldutti.
La investigación apunta a un error fatal. A pocos metros del lugar del crimen funciona un punto de venta de drogas que había sido atacado a tiros el día anterior. Los peritajes balísticos determinaron que tanto ese ataque como el asesinato de González fueron cometidos con el mismo calibre y la misma marca de cartuchería. La hipótesis más firme es que los sicarios confundieron a la peluquera con otra mujer de 42 años vinculada al búnker, y que ese error desencadenó el crimen.
Carbone agregó que el punto de venta había sido denunciado a comienzos de año. “Los policías que actuaron en ese momento informaron que hasta el 7 de mayo no detectaron movimientos compatibles con el funcionamiento de un búnker”, explicó. Sin embargo, en el barrio la referencia al lugar como foco de violencia es constante.
González tenía su peluquería a pocos metros de su vivienda, en la misma cuadra donde encontró la muerte. Criaba a sus dos hijos y era conocida por su trabajo y trato con los vecinos. La publicación de la vecinal de Empalme Graneros la despidió como “una persona trabajadora, querida y respetada en el barrio”.
El crimen vuelve a poner en foco la dinámica de la violencia en Rosario: ataques armados por disputas territoriales del narcomenudeo, con víctimas ajenas al conflicto. En este caso, la violencia se cruzó con una rutina cotidiana, y una madre perdió la vida en un episodio que, según la investigación, nunca estuvo dirigido hacia ella.
