Central volvió a hacerse fuerte en el Gigante de Arroyito. Este domingo por la noche derrotó a Barracas Central por la quinta fecha del Torneo Apertura 2026 y consiguió su primer triunfo del año en casa. Después del envión anímico por la clasificación en la Copa Argentina, el Canalla empieza a acomodarse en su zona y a mostrar señales claras de crecimiento.
El equipo dirigido por Jorge Almirón fue superior de principio a fin, aunque el gol tardó en llegar. El arranque fue trabado, cortado, con más infracciones y discusiones que juego. Durante los primeros diez minutos casi no hubo fútbol: golpes sin pelota, interrupciones constantes y la intención evidente de frenar el ritmo.
Cuando el partido se abrió, apareció la jerarquía. Ángel Di María empezó a manejar los tiempos, a filtrar pases y a cambiar el eje de los ataques. Copetti y Giménez interpretaron algunas jugadas a destiempo y se diluyeron oportunidades claras. Aun así, Central dominaba territorialmente, recuperaba rápido en la mitad de la cancha —con buen trabajo de Franco Ibarra y Pizarro— y arrinconaba a su rival.
Las situaciones comenzaron a acumularse: un cabezazo de Ovando que pasó cerca, un zurdazo lejano de Coronel apenas desviado y un intento olímpico de Di María que obligó a Miño a reaccionar con una manotada salvadora. El arquero visitante también dio rebotes peligrosos, pero al Canalla le faltó precisión en el último toque. Sin Campaz, el equipo apostó a un doble nueve con Copetti y Véliz, aunque los delanteros no lograban pesar como el desarrollo indicaba. Barracas apenas inquietó con un tiro libre de Tapia que controló sin problemas Jeremías Ledesma. El resto fue dominio auriazul, aunque sin la recompensa del gol.
En el complemento la tendencia se profundizó. Di María rozó la apertura del marcador con un remate que dio en el travesaño, ingresando por sorpresa detrás de todos. Y cuando el Fideo todavía se lamentaba, llegó el centro de Sández desde la izquierda y Enzo Copetti apareció donde tenía que estar: esta vez no perdonó y rompió el cero. El 1-0 era justo. Central siguió tocando, moviendo la pelota con criterio y buscando cerrar la historia. Si algo podía reprochársele hasta entonces era la falta de contundencia. Pero la jerarquía volvió a hacerse presente en el tramo final.
Sobre el cierre, Di María capturó una pelota suelta en el área y definió con una sutileza: la pinchó por encima de Miño y selló el 2-0 con una perla. Fue un triunfo necesario y convincente. Central superó a un rival incómodo, plasmó su superioridad en el marcador, Copetti se reconcilió con el gol y Di María ofreció una clase de conducción. En pleno carnaval, el Gigante celebró una noche redonda.
