Central se llevó una nueva edición del clásico rosarino: se impuso por 2-0 sobre Newell’s en el duelo disputado por la octava fecha del Apertura en el Coloso Marcelo Bielsa. El partido no se definió por supremacía sostenida sino por la jerarquía, otra vez, de Ángel Di María, que partió en dos el partido con un zurdazo letal pese a estar diezmado físicamente. Con el triunfo, el Canalla estiró a 22 la diferencia en el historial ante su eterno rival.
La Lepra jugó con intensidad en la primera mitad, pero no logró capitalizar ese dominio parcial y el punto de inflexión llegó en el complemento con la aparición de Di María, que jugó condicionado físicamente y, aun así, resolvió con un zurdazo de jerarquía una acción colectiva para abrir el marcador. A partir de ese quiebre anímico y futbolístico, Central administró mejor los tiempos y amplió la diferencia con Enzo Copetti, en una jornada que dejó conclusiones opuestas para ambos en el estreno de Frank Kudelka como entrenador leproso.
El duelo arrancó con el pulso acelerado y pierna fuerte desde el primer minuto. Newell’s salió a marcar territorio, presionando alto y cortando cada intento de circulación rival. A los 6’, Julián Fernández lanzó un centro venenoso que casi se le mete a Williams Barlasina y obligó al arquero a manotear al córner.
El partido entró en un tramo frenético y de ida y vuelta. A los 8’, el chileno Vicente Pizarro metió un pase filtrado para Di María, que la pinchó por encima del arquero y se encontró una salvada providencial de Luca Regiardo. En la contra inmediata, Walter Núñez se sacó la marca de encima, tocó para el Colo Ramírez y le cerraron el camino por el centro. A los 10’, la Lepra tuvo la más clara: un derechazo de Núñez desde el borde del área que pegó en el palo y, en el rebote, Ramírez no pudo empujarla ante la marca de Emanuel Coronel.
Con el correr de los minutos el ritmo bajó, influido por el calor y la acumulación de faltas. El clásico se volvió más friccionado que jugado. El equipo de Jorge Almirón intentó crecer a espaldas del lateral Armando Méndez y adelantó líneas, aunque sin demasiada claridad. A los 25’, Valentino Acuña fue amonestado por cortar un avance de Franco Ibarra, que había combinado por izquierda con Julián Fernández, dos de los puntos salientes de la visita en la primera mitad.
Di María participó con intervenciones puntuales y casi siempre a un toque. No se hizo cargo de las pelotas paradas —Pizarro ejecutó tiros libres y córners—, un detalle que dejó entrever que no llegó en plenitud física. A los 37’, el uruguayo Ramírez volvió a quedar mano a mano tras un pase filtrado, pero recibió incómodo y perdió el duelo con el arquero Ledesma.
En un primer tiempo intenso, caliente y equilibrado, Newell’s fue más de lo que se preveía, se plantó de igual a igual y generó las situaciones más claras, mientras Central buscó lastimar con movilidad y precisión, en un clásico que se jugó al límite y no dio respiro.


Kudelka movió el banco en el entretiempo y mandó a la cancha a Bruno Cabrera por el lesionado Armando Méndez. Antes del primer minuto, la Lepra hilvanó una buena secuencia entre Herrera, Acuña y Ramírez que terminó con un remate de Núñez a las manos de Ledesma. El local parecía dispuesto a asumir el protagonismo ante un Central que no había mostrado demasiado en la primera parte.
Pero a los 5 minutos cambió todo. Gran jugada colectiva canalla: centro pasado de Julián Fernández, la bajó Gastón Ávila y apareció Di María para sacar un zurdazo letal y poner el 1-0. Un gol de otro partido. Ni siquiera parecía estar cómodo en el primer tiempo, pero le quedó una y no perdonó. Como en el clásico anterior en el Gigante, volvió a romper el equilibrio con una acción decisiva.
El impacto fue fuerte en el Coloso. La gente pasó del empuje al reproche y el equipo sintió el golpe. A los 10’, el árbitro Yael Falcón Pérez debió detener el juego por la caída de un proyectil desde la tribuna, en un clima cada vez más tenso.
Newell’s intentó reaccionar con el ingreso de Michael Hoyos y luego con los cambios de Franco García y Franco Orozco. Empujó más por necesidad que por claridad. Núñez fue el más atrevido mientras estuvo en cancha, aunque por momentos abusó de la individual. Del otro lado, Central se mostró más suelto con el resultado a favor y manejó mejor los tiempos.
A los 15’, Di María dejó la cancha caminando, reemplazado por el wing colombiano Jaminton Campaz. Otra vez determinante pese a las molestias físicas. Central tuvo varias para liquidarlo: cabezazo de Véliz apenas afuera, intento de Giménez tras una recuperación de Campaz y un par de remates del colombiano que exigieron a Barlasina.
El golpe final llegó a los 35’. Córner de Campaz, cabezazo del zaguero local Bruno Cabrera en el duelo en el aire y por el medio apareció el también ingresado Enzo Copetti para empujar el 2-0. Fue el nocaut. Desde las tribunas bajó el “que se vayan todos”, mientras Central controlaba el cierre sin sobresaltos. Incluso Ledesma alcanzó a taparle un gol a Herrera en el final, aunque la jugada estaba invalidada por offside.
El clásico se quebró en una acción. Newell’s había sido más en el primer tiempo, pero no logró capitalizarlo. Central no fue arrollador en el complemento —incluso desperdició varias chances para liquidarlo antes—, pero tuvo lo que en estos partidos pesa más que el volumen de juego: solidez en el fondo y jerarquía en la zona de definición.
El zurdazo de Di María cambió el clima, alteró lo anímico y condicionó el desarrollo. la Lepra se desordenó en la urgencia y el Canalla, sin ser avasallante, encontró espacios y tuvo varias situaciones para ampliar antes del 2-0. No fue una diferencia abrumadora en el juego, sino una diferencia en los momentos. Y en un clásico, eso suele ser decisivo.
