El Gobierno de Santa Fe y el Ministerio de Seguridad de la Nación coincidieron en que el ataque ocurrido en la Escuela Nº 40 Mariano Moreno de San Cristóbal no responde a un caso aislado ni a factores individuales, sino a la influencia de comunidades virtuales que promueven la violencia a escala internacional. Así lo afirmaron el gobernador Maximiliano Pullaro y la ministra Alejandra Monteoliva al brindar detalles sobre el avance de la investigación.
El hecho, protagonizado por un adolescente de 15 años que asesinó a un estudiante de 13 e hirió a otros jóvenes, es analizado como parte de un fenómeno emergente asociado a subculturas digitales. Según indicaron, en el país ya se detectaron al menos 15 casos con características similares y otros cuatro se encuentran bajo investigación.
Durante la conferencia realizada en la sede del Ministerio de Seguridad de la Nación, Pullaro descartó que el ataque haya estado vinculado a situaciones de bullying o a un trastorno individual. En cambio, sostuvo que el agresor formaba parte de una red internacional conocida como TCC (True Crime Community), donde se comparten contenidos que exaltan hechos violentos y, en algunos casos, incentivan su reproducción.
“El autor no tuvo un brote psicótico ni fue víctima de acoso escolar. Estamos frente a un fenómeno nuevo, distinto, que nos obliga a repensar las herramientas de prevención”, señaló el mandatario, quien además valoró la respuesta de la comunidad educativa local ante un episodio de alta gravedad.
Por su parte, Monteoliva reforzó esa línea de análisis y advirtió que estas comunidades virtuales reúnen a niños y adolescentes en torno a la fascinación por asesinatos y ataques masivos. “No se trata de un hecho aislado, sino de una problemática que requiere visibilización y un abordaje integral”, sostuvo.
En ese marco, destacó el trabajo conjunto entre fuerzas federales y provinciales, el Ministerio Público de la Acusación y la Justicia Federal, y remarcó la necesidad de preservar la confidencialidad en las investigaciones para garantizar resultados efectivos.

Desde el área de investigaciones, el responsable de la Unidad Antiterrorista, Guillermo Díaz, explicó que la pesquisa se inició a partir del análisis de redes sociales y derivó en allanamientos, peritajes digitales y reconstrucciones del hecho. El análisis del teléfono del agresor permitió establecer vínculos con otros menores y avanzar en nuevas medidas judiciales.
Díaz describió a la TCC como una comunidad “transnacional, descentralizada y multifacética”, en la que adolescentes interactúan en foros y plataformas cerradas donde se glorifican hechos violentos. Además, advirtió que los jóvenes involucrados también presentaban conexiones con otras corrientes digitales de riesgo, como los denominados “incels”.
La investigación, aún en curso, pone en evidencia una tendencia global que comienza a tener impacto local y que abre un nuevo desafío para el Estado, el sistema educativo y las familias: cómo prevenir y abordar formas de violencia que se gestan en entornos digitales y trascienden fronteras.
