Rosario Central rindió este domingo un nuevo homenaje a Miguel Ángel Russo, el entrenador que marcó una era en el club. En una ceremonia cargada de emoción, se descubrió su busto en el Gigante de Arroyito y se cumplió uno de sus últimos deseos: que parte de sus cenizas descansaran en el campo de juego que tanto amó.
La obra, realizada por el escultor Matías Fernández en conjunto con el proyecto MR, muestra a Miguel con su clásico traje, la Copa de la Liga 2023 y el escudo de Central, símbolo de su vínculo eterno con la institución.
Del acto participaron su esposa, sus hijos —entre ellos Ignacio Russo, actual delantero de Tigre y ex jugador canalla— y dirigentes del club, además de hinchas que se acercaron para acompañar el tributo.
En un comunicado oficial, expresó: “Este domingo, en el Gigante de Arroyito, quedó descubierto el busto en homenaje a Miguel Ángel Russo, obra del escultor Matías Fernández en conjunto con el proyecto MR. Además, en un acto íntimo y cargado de emoción, parte de las cenizas de Miguel fueron esparcidas sobre el césped que tanto amó, en señal del eterno vínculo con esta casa. Agradecemos a la familia, al artista y a todos los que hicieron posible este homenaje. El recuerdo de Miguel vive en cada rincón del estadio”.
Russo fue mucho más que un entrenador para Central: fue un símbolo de identidad, trabajo y pertenencia. Surgido del club y campeón como jugador en 1980, volvió en distintas etapas como técnico para dejar una huella profunda, combinando resultados deportivos con una forma de conducir que reflejaba los valores del club. Su última etapa, coronada con la obtención de la Copa de la Liga Profesional 2023, lo consolidó como uno de los ídolos más queridos por la hinchada auriazul.
Su fallecimiento, ocurrido el 8 de octubre de 2025, provocó una ola de dolor en todo el fútbol argentino y especialmente en el pueblo canalla, que lo despidió con afecto y gratitud. Russo representaba una generación de entrenadores que unían pasión y coherencia, y su partida dejó un vacío difícil de llenar. Desde entonces, cada homenaje en el Gigante de Arroyito reafirma que su legado sigue vivo en las tribunas, en los jugadores formados bajo su guía y en la memoria colectiva de Central.

