sábado 23 mayo 2026

Fito Páez en Rosario: el recuerdo de ‘Del 63’ y ‘Circo Beat’ y una noche con brillo especial en la Ex Rural

La noche rosarina se presentó cálida y llena de expectativas, con el predio de la ex Rural transformado en el escenario perfecto para un recital de Fito Páez. A las 21:30 horas en punto, las luces se apagaron, y la figura de Fito apareció en las pantallas en blanco y negro, creando un clima de melancolía que contrastaba con los colores vibrantes del escenario. A pesar del paso del tiempo, Fito Páez sigue demostrando que su voz está en plena forma: la presencia vocal y la emoción que transmite en cada tema es tan intensa como en sus mejores momentos.

El show, muy bien producido y con un sonido impecable, se dividió en dos partes: la primera dedicada a su emblemático álbum Del 63, mientras que la segunda parte fue un recorrido por Circo Beat, su disco más inclasificable y electrizante.

El recital comenzó con una interpretación a piano solo de “Del 63”, el álbum que lo consagró como uno de los grandes de la música latinoamericana. El público aplaudió con fervor desde el primer acorde de “Tres agujas” y siguió entregado hasta el cierre de la primera parte con “Un rosarino en Budapest”. En medio del show, Fito rindió homenaje a su amigo y compañero de ruta, Fabián Gallardo, a quien describió como “una maravilla rosarina”. Fue un momento emotivo que conectó al público con la historia y el arte de su ciudad natal.

La segunda parte del recital arrancó con “Circo Beat”, y Fito dejó en claro que sigue siendo un maestro de la transgresión. Con la aparición de Emme, quien fue la gran protagonista como corista, el concierto adquirió una energía renovada. “Mariposa tecknicolor” y “Normal 1” desataron la primera gran ovación de la noche. Los asistentes, en su mayoría rosarinos, corearon cada palabra de “I love you so”, mientras la banda desplegaba todo su potencial en canciones como “Si Disney despertase” y “Soy un hippie”.


Fotografías: All Press

La interacción con el público fue constante, y Fito dejó que la música hablara por él, sin excesivos discursos pero con el cariño palpable hacia su gente. El punto culminante llegó con “Lo que el viento nunca se llevó”, una de sus composiciones más queridas, seguida de “Nada del mundo real”, que cerró la segunda parte del show.

En el final, con “Ciudad de pobres corazones”, Fito reafirmó por qué sigue siendo una figura indiscutible del rock argentino. Con un ritmo envolvente y una lírica que tocó el alma de todos los presentes, la canción sirvió como broche de oro para una noche que se convirtió en un verdadero homenaje a la música, la ciudad y la vida misma.

Fuera del escenario, el ambiente del recital también tenía su propio ritmo: los trapitos cuidando los autos por $15.000, y las ventas dentro del predio, que ofrecían chipá, cerveza, agua y gaseosa, aunque con un curioso recargo de $1.000 si uno decidía pagar con transferencia (si lograba captar algo de señal en el predio). En el sector general, detrás de las plateas, conseguir hidratarse también supuso un verdadero desafío. Pero, como siempre, la música de Fito Páez logró que todo eso pasara a segundo plano. A fin de cuentas, Rosario vivió una noche inolvidable, donde la magia de Fito, con su nostalgia y su vibrante energía, quedó grabada en el corazón de todos los asistentes.

Ojo de Prensa
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