El Concejo Municipal aprobó un decreto del concejal Lisandro Cavatorta que solicita al Departamento Ejecutivo estudiar la factibilidad de volver a poner en funcionamiento el histórico Barco Ciudad de Rosario, símbolo del turismo local y la vida ribereña.
La iniciativa propone que el municipio analice diferentes medidas para su refuncionalización, entre ellas la posibilidad de articular un convenio público-privado con los actuales propietarios de la embarcación, que prestó servicios durante más de 50 años conectando Rosario con las islas del delta del Paraná.
El texto también contempla la participación de actores locales para planificar y financiar un nuevo circuito de turismo fluvial, educativo y sustentable, orientado a promover la preservación de los ecosistemas del río, la historia local y las prácticas sostenibles.
Además, el decreto impulsa acuerdos de cooperación con la Municipalidad de Victoria (Entre Ríos) y con concesionarios y propietarios de paradores isleños, para fomentar el turismo y la gastronomía regional bajo criterios de sustentabilidad ambiental.


Una postal varada. El Barco Ciudad de Rosario se encuentra amarrado desde hace más de cuatro años en el canal La Lechiguana, frente al Monumento a la Bandera, tras haber quedado fuera de servicio durante la pandemia y la bajante histórica del río.
La embarcación, un verdadero ícono de la ciudad, necesita una costosa revisión técnica para volver a navegar. Su propietaria, Haydée Oficialdegui, expresó semanas atrás que mantenerlo es cada vez más difícil: “Me da mucha angustia, pero no puedo sostenerlo. Es patrimonio de Rosario y me encantaría que quedara acá, pero necesito ayuda para recuperarlo”, contó al Diario La Capital.
El barco fue botado en febrero de 1971, aunque su historia comenzó una década antes, cuando Raúl Oficialdegui, pionero del turismo fluvial rosarino, lo compró en desuso en Brasil para reconstruirlo desde cero. Durante décadas fue sinónimo de paseos familiares, excursiones escolares y postales del río Paraná.
Con este proyecto, el Concejo busca abrir la puerta a una posible recuperación del ícono fluvial, apelando al trabajo conjunto entre el Estado y el sector privado para devolverle vida a una parte fundamental de la identidad rosarina.
