Prisión perpetua. Ese fue el veredicto del tribunal que presidió el juicio que juzgó a José María Castro (67) por el femicidio de quien fuera su esposa, Elsa Mónica Mercuri (61), cometido en una zona rural de General Lagos entre los últimos días de marzo de 2019 y noviembre de ese año, cuando los restos de la mujer fueron hallados en el pozo de un molino.
El paradero de Elsa fue un enigma de ocho meses que fue develado por perros rastreados en la misma vivienda que el ahora condenado compartía con la víctima, en un campo ubicado a 500 metros del kilómetro 275 de la autopista Rosario-Buenos Aires.
“El hecho ocurrió en fecha indeterminada entre el periodo de tiempo mencionado, produciéndose el fallecimiento de la mujer, por golpes y compresión del cuello por parte de José María Castro a su pareja y posterior dejar su cuerpo en el pozo del molino de viento ubicado dentro del predio de su domicilio”, relataron desde Fiscalía.
“La conducta de José María Castro fue desplegada dentro de un contexto de género que tuvo lugar durante el curso de su relación de pareja. Así, el imputado generó una relación basada en el sometimiento basado en una situación de permanente violencia física y psicológica”, ahondaron sobre el caso.
“La Fiscalía acreditó con las pruebas la muerte dolosa, no solamente en vínculo de pareja, sino también el contexto de violencia de género en el cual se dio toda la vida de pareja entre la víctima y el ahora condenado. Detectamos violencia física, psicológica, simbólica no sólo con la mujer como víctima, sino también sus hijos”, apuntó el fiscal Alejandro Ferlazzo.
Los hijos estuvieron presentes y fueron fundamentales en esta investigación para detectar y determinar con certeza el caso y lograr la condena, cerró el fiscal.
El caso
A Elsa la habían visto por última vez el 28 de marzo de aquel año. Tenía tres hijos producto de la relación con Castro y llevaba una vida social activa, también en las redes. De repente, dejó de frecuentar el pueblo de General Lagos y “terminó súbitamente la comunicación en las redes”, había dicho el fiscal José Luis Caterina a partir de los testimonios que fue recolectando.
El 19 de abril de 2019, Castro se acercó a la subcomisaría 13ª y dejó asentado que Elsa se había ido de la casa “por cuenta propia”. Según los policías, dijo que era común que se retirara y que no tenían problemas de convivencia. No hizo denuncia de paradero.
Pasaron meses y se acrecentaron las sospechas, sobre todo de Valeria, una de las hijas, quien a comienzos de noviembre empezó a pedir ayuda para buscar a su madre. Elsa no se había comunicado con ningún familiar como tampoco había contactado a ninguno de sus tres hijos: “Desde el 30 de marzo no sabemos nada de mi mamá. Ella se fue de casa sin llevarse el celular porque se había comprado otro y no dejó su nuevo número porque no quería que la busquemos”.
El 27 de noviembre, policías de General Lagos, de la entonces Policía de Investigaciones (PDI), bomberos Zapadores y de la ciudad de Alcorta llegaron hasta la finca rural. Buscaban rastros. Y también a Castro. El olfato de los perros rastreadores llegó al pozo de un molino. Bajo tierra, los policías y bomberos encontraron los restos de Elsa.
Según la Policía, Castro, con los restos frente a él, dijo que la mató durante una discusión y luego escondió el cuerpo. De acuerdo con esta versión, el hombre explicó que en una fecha que no recordaba con exactitud los dos habían mantenido una discusión durante la que, tras golpearse mutuamente, tomó una soga y comenzó a ahorcar a su compañera. Agregó que ella cayó al piso y él se marchó. Cuando regresó, se dio cuenta de que no respiraba y fue entonces que arrojó su cuerpo al pozo donde encontraron finalmente los restos.
Este lunes, el tribunal integrado por las juezas María Trinidad Chiabrera, Hebe Marcogliese e Irma Bilotta condenaron a Castro a la pena de prisión perpetua por los delitos de homicidio doblemente calificado por el vínculo y por el contexto de violencia de género.
Fuentes: Fiscalía, Rosario3.com y Extremo Diario.
