La Justicia declaró la quiebra de SanCor, una de las firmas más emblemáticas de la industria láctea argentina. La decisión fue tomada este miércoles por el juez en lo Civil y Comercial de Rafaela, Marcelo Gelcich, quien concluyó que la cooperativa atraviesa una situación financiera irreversible.
En su resolución, el magistrado sostuvo que la empresa presenta una deuda que excede ampliamente su capacidad operativa, con compromisos comerciales, fiscales y laborales imposibles de afrontar. La propia cooperativa había solicitado la quiebra directa al reconocer que no contaba con un plan viable para reestructurar sus obligaciones en medio de un marcado deterioro productivo y administrativo.
El fallo establece la liquidación de los bienes bajo la modalidad de “empresa en marcha”, con el objetivo de preservar el valor de las plantas industriales y maximizar las posibilidades de recuperación para los acreedores. En ese marco, se descarta la aplicación del mecanismo de salvataje —conocido como cramdown— debido a la naturaleza jurídica de la cooperativa, que impide la transferencia de su estructura a terceros.
Además, el juez consideró que no existe una unidad económica recuperable en las condiciones actuales, al señalar que la deuda supera el valor de los activos y que la actividad industrial se encuentra fuertemente reducida, con escaso procesamiento de leche propia.
Pese a la quiebra, la resolución no implica el cierre inmediato de las operaciones. Las plantas que aún funcionan —principalmente a través de contratos de fazón, procesando materia prima de terceros— continuarán activas de manera transitoria. La medida busca resguardar los puestos de trabajo de los 914 empleados que permanecen en la empresa y sostener el valor productivo de los activos de cara a una eventual venta.
A partir de ahora, los bienes de la cooperativa quedarán bajo la administración de la sindicatura, que deberá garantizar su conservación en condiciones óptimas. En paralelo, se convocará a interesados para adquirir las unidades productivas, ya sea en bloque o por separado, mediante un proceso de licitación que definirá el futuro de una de las marcas históricas del sector lácteo nacional.
Desde el gremio lechero interpretaron la decisión como el cierre de un proceso que ya no tenía salida dentro del esquema en el que venía funcionando la cooperativa. Desde Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina, su titular Héctor Ponce sostuvo que la medida “no es un final, sino el comienzo de una nueva etapa” y planteó la necesidad de avanzar hacia un modelo que permita sostener la actividad y preservar los puestos de trabajo.
La decisión se conoció luego de que la propia cooperativa solicitara esa salida al reconocer que no podía encauzar su situación en un contexto de fuerte deterioro operativo y financiero. Con un pasivo cercano a los 120 millones de dólares, deudas acumuladas por salarios, aportes y compromisos comerciales, la crisis impacta de lleno sobre los trabajadores.
“Somos optimistas, no por una cuestión de fe, sino porque sabemos muy bien de lo que estamos hablando. Esto no es un final, sino el comienzo de una nueva etapa”, afirmó Ponce, quien además cuestionó la conducción de la empresa en los últimos años. “Desde Atilra venimos advirtiendo que SanCor no tenía posibilidades de sostenerse en estas condiciones ni con el esquema de gestión que se venía aplicando”, concluyó.
SanCor es una cooperativa argentina, originaria de la ciudad de Sunchales, en la provincia de Santa Fe. Fue fundada en 1938 por productores lecheros de la región, y su nombre surge de la combinación de “San” (Santa Fe) y “Cor” (Córdoba), las dos provincias donde se concentraban sus tambos y socios. Durante décadas tuvo plantas en varias provincias y fue una de las principales industrias lácteas del país, con fuerte presencia en el centro de Argentina.

