martes 21 abril 2026

Remodelación del Castagnino: el municipio avanza y arquitectos piden respetar concurso previo

El anuncio realizado a fines de diciembre por el intendente Pablo Javkin sobre la ampliación y remodelación del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino derivó en un cruce público entre la Municipalidad de Rosario y el Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia de Santa Fe, que cuestionó el proyecto impulsado por el Ejecutivo local y reclamó el respeto de un concurso arquitectónico previo.

Hubo quienes trazaron paralelismos con la situación atravesada entre julio de 2024 y enero de 2025 con el proyecto ganador de la intervención de los silos del Museo Macro con ‘paint is not dead’, cuya ejecución tuvo problemas que derivaron en la cancelación del proyecto ganador. Finalmente, el reconocido muralista Martin Ron concretó la intervención con otra impronta que actualmente forma parte del paisaje rosarino.

La iniciativa municipal para el Castagnino prevé una intervención histórica sobre uno de los museos más emblemáticos del país. La obra será financiada a través de una donación colectiva de empresas, fundaciones y entidades locales, con una inversión estimada en 2,2 millones de dólares, y contempla una transformación arquitectónica de aproximadamente 1500 metros cuadrados.

Según lo anunciado, el proyecto permitirá resolver una de las principales limitaciones históricas del museo: la falta de reservas adecuadas para su colección. Por primera vez en sus 88 años, el Castagnino contará con depósitos diseñados bajo estándares museológicos contemporáneos, mejorando las condiciones de conservación, resguardo y estudio del patrimonio artístico. Además, se prevé la refuncionalización de áreas del edificio histórico para sumar nuevas salas de exposición con mayor superficie y altura, iluminación museográfica profesional y sistemas de climatización.

Tras el anuncio, el Colegio de Arquitectura y Urbanismo provincial expresó su preocupación por la decisión de avanzar con un nuevo proyecto, pese a la existencia de un concurso nacional de arquitectura realizado años atrás, que contó con más de 70 propuestas y un proyecto ganador. Desde la entidad profesional aclararon que celebran la inversión pública en cultura y la reactivación de la ampliación del museo, pero sostuvieron que, dada la relevancia simbólica, cultural y urbana del edificio, resulta imprescindible respetar los concursos vinculantes como herramienta central para la toma de decisiones estatales.

El Colegio remarcó que el Museo Castagnino ocupa un lugar estratégico dentro del sistema cultural rosarino: alberga la segunda colección de arte moderno argentino más importante del país, fue el primer edificio proyectado específicamente como museo y constituye un hito de la arquitectura nacional, obra de Hilarión Hernández Larguía y Juan Manuel Newton. En ese marco, advirtieron que desconocer un concurso ya realizado debilita la confianza institucional y el trabajo profesional de arquitectos y urbanistas de todo el país.

Desde el Ejecutivo local, el secretario de Cultura, Federico Valentini, salió al cruce del planteo y rechazó que exista un incumplimiento por parte del municipio. En un extenso descargo público, sostuvo que la Municipalidad nunca asumió una obligación legal de ejecutar el proyecto ganador del concurso de 2017 y que las propias bases establecían que la obra quedaba supeditada a una decisión posterior.

Valentini señaló además que la eventual responsabilidad de ejecución correspondía a la Provincia de Santa Fe, que licitó y luego dio de baja la obra sin que hubiera reclamos en ese momento. En ese sentido, cuestionó la oportunidad del planteo del Colegio y afirmó que el reclamo surge recién cuando el municipio avanza con una solución concreta y con financiamiento asegurado.

Desde el Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia de Santa Fe nos preguntamos por qué, existiendo un concurso vinculante de arquitectura, con un proyecto ganador, premios y menciones, y con la participación más de 70 propuestas de profesionales de todo el país, se tomó la decisión de avanzar con un nuevo proyecto para la ampliación del Museo Castagnino. Plantear esta pregunta no implica desconocer ni desvalorizar la obra pública. Por el contrario.

Celebramos que se retome la ampliación del Museo Castagnino. Celebramos la obra pública, celebramos la inversión en cultura y celebramos que Rosario vuelva a poner en agenda a una de sus instituciones culturales más significativas. Entendemos que estas decisiones fortalecen el acceso ciudadano a la cultura y consolidan una ciudad más inclusiva, diversa y democrática.

Rosario cuenta con una infraestructura de museos de un nivel excepcional. En ese sistema cultural, el Museo Castagnino ocupa un lugar central: alberga la segunda colección de arte moderno argentino en importancia a nivel nacional, cuenta con más de 100 años de historia y fue el primer edificio del país proyectado específicamente para funcionar como museo.

El edificio original, obra de Hilarión Hernández Larguía y Juan Manuel Newton, constituye además un hito de la arquitectura argentina y un símbolo del compromiso histórico de Rosario con la cultura, el arte y lo público.

Justamente por la importancia simbólica, cultural y urbana de este edificio, consideramos imprescindible reafirmar el valor del concurso vinculante de arquitectura como herramienta fundamental para la toma de decisiones en el ámbito estatal.

Los concursos vinculantes no son un mero procedimiento administrativo. Son una herramienta central para la democratización del acceso al trabajo profesional, garantizan igualdad de oportunidades, transparencia, calidad arquitectónica y construcción colectiva de ciudad. A través de ellos, el Estado promueve procesos abiertos, federales y evaluados por jurados idóneos, donde las ideas y los proyectos prevalecen por sobre los encargos directos o las decisiones cerradas, y cuyos resultados deben ser respetados.

Defender el concurso vinculante es también defender a las y los colegas profesionales de la arquitectura y el urbanismo de todo el país, que participan de estos procesos con compromiso, invirtiendo tiempo, recursos y conocimiento, confiando en reglas claras y en la vigencia institucional de sus resultados. Desconocer o dejar sin efecto un concurso vinculante ya realizado debilita esa confianza y erosiona una herramienta construida colectivamente a lo largo de décadas.

Como Colegio, sostenemos que celebrar la obra pública no es incompatible con exigir coherencia institucional, respeto por los procesos concursales y valorización del trabajo profesional. Por el contrario: una política pública de calidad en arquitectura y urbanismo debe apoyarse en concursos vinculantes transparentes, abiertos, democráticos y federales, especialmente cuando se trata de edificios culturales de alto valor simbólico para la ciudad y el país.

Este posicionamiento no busca confrontar, sino abrir un debate necesario, en defensa de la arquitectura como disciplina, del urbanismo como herramienta de transformación social y del concurso vinculante como pilar fundamental de una democracia más justa, participativa y profesionalmente comprometida.

En ese marco, el secretario de Cultura local, Federico Valentini, respondió públicamente al planteo del Colegio a través de un extenso descargo en redes sociales:

“El reino del revés” | La verdad sobre la obra del Museo Castagnino

Ante la nota presentada por el Colegio de Arquitectos de la Provincia de Santa Fe sobre la obra impulsada por el Municipio de Rosario para el Museo Castagnino, es necesario hacer aclaraciones públicas. No para alimentar una polémica estéril, sino para restablecer la verdad frente a afirmaciones falsas, omisiones evidentes y un reclamo que combina desinformación, hipocresía y una profunda irresponsabilidad en el uso de los recursos públicos.

1. No mentir: el Municipio nunca tuvo la obligación de ejecutar la obra del concurso de 2017. La afirmación central del Colegio de Arquitectos es falsa. La Municipalidad de Rosario nunca asumió una obligación legal ni contractual de ejecutar el proyecto ganador del concurso nacional de anteproyectos de 2017. Las propias bases del certamen lo establecen con claridad: “En caso de que la Promotora definiera la ejecución de la obra en cuestión, se obliga a encomendar las tareas de Proyecto Ejecutivo completo y Dirección de Obras al titular del Primer Premio”.

La construcción estaba condicionada a una decisión posterior y discrecional. Existía una posibilidad, no una obligación. Sostener lo contrario no es una interpretación: es una distorsión jurídica deliberada, una mentira construida para instalar un incumplimiento inexistente. Cabe recordar, además, que la eventual obligación de ejecución correspondía exclusivamente a la Provincia de Santa Fe, que licitó, postergó y finalmente dio de baja la obra sin que ello generara durante años reacción alguna de quienes hoy se presentan como defensores del patrimonio.

2. No ser hipócritas: siete años de silencio no se borran con una nota. Desde 2017 hasta hoy, el Colegio de Arquitectos no presentó reclamos, no pidió reuniones ni expresó preocupación institucional. Siete años de silencio absoluto, incluso cuando la Provincia licitó, demoró y abandonó la obra. Recién ahora, cuando el Municipio avanza con una solución concreta y financiada, aparece un reclamo tardío que intenta reescribir la historia.

Más llamativo aún es que quien encabeza el reclamo haya sido funcionario público con máximas responsabilidades de planeamiento durante décadas. En ese período la ciudad realizó obras emblemáticas como los distritos, el Tríptico de la Infancia, el Heca, el Cemar: en ninguna de ellas se adoptó el criterio que hoy ese mismo ex funcionario reclama. Eso no es defensa del patrimonio. Es hipocresía personal e irresponsabilidad institucional.

3. No ser irresponsables: una obra millonaria que pretenden que paguen los vecinos. La obra original tendría hoy un costo superior a los 9 millones de dólares. Lo que el Colegio reclama —aunque lo oculte— es que ese monto sea asumido por los vecinos de Rosario, sin financiamiento, sin cronograma y sin garantías. Esa pretensión no es técnica: es profundamente irresponsable. Mientras se agita una maqueta irrealizable, se omite lo central: el Museo Castagnino arrastra problemas estructurales graves desde hace décadas —depósitos insuficientes, falencias de conservación, limitaciones operativas y déficits técnicos básicos— que requieren soluciones reales, no debates abstractos.

4. La verdad contractual: no hubo incumplimiento. En 2019 se firmó un contrato con los profesionales cordobeses ganadores limitado exclusivamente al desarrollo del proyecto ejecutivo. La dirección de obra y las ingenierías quedaron expresamente excluidas. El Municipio abonó las etapas realizadas y no existe deuda exigible por trabajos no ejecutados.

Pese a ello, los arquitectos promovieron un reclamo judicial exorbitante por supuestos daños y perjuicios. El contrato —ratificado por Decreto N.º 700/19— incluía una facultad de rescisión que nunca activaron. Por el contrario, continuaron el vínculo, cobraron honorarios y entregaron documentación. Y luego iniciaron una demanda a la ciudad reclamando el pago del 4% de la obra -no menos de u$d 360.000- por supuestos daños derivados de la no ejecución del contrato. No hubo incumplimiento municipal. Hubo, después, un intento de fabricarlo.

5. Hacer lo que hay que hacer: una obra posible, financiada y real. Frente a este escenario, el Municipio tomó una decisión política clara: dejar de discutir lo imposible y resolver lo urgente. Se avanza en la ampliación del Museo Castagnino con recursos reales, aportados por empresas locales mediante un fideicomiso transparente. Un proyecto viable, ejecutable y sostenible, que prioriza proteger la colección, ampliar espacios, modernizar instalaciones y garantizar el funcionamiento del museo, respetando así la historia del Castagnino, que nace de una donación privada. No es eludir responsabilidades. Es ejercerlas.

6. El futuro del museo vale más que una maqueta. Defender un anteproyecto que no pudo realizarse en siete años no es defender el patrimonio cultural. El verdadero compromiso con el Museo Castagnino es hacerlo posible, no aferrarse a un diseño que hoy no tiene financiamiento ni viabilidad. Este no es un llamado al enfrentamiento, sino a la seriedad: a dejar de mentir, abandonar la hipocresía y asumir que gobernar implica decidir con responsabilidad.

Ojo de Prensa
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