miércoles 22 julio 2026

Scaloni, Messi y la Selección que viene: la base, el recambio y los nombres que asoman hacia 2030

La derrota ante España cerró el Mundial 2026 con dolor, pero también dejó una certeza: la Selección Argentina volvió a competir hasta el último partido y conserva una estructura sólida para iniciar el camino hacia 2030. En medio de las dudas sobre Lionel Scaloni y Lionel Messi, el próximo ciclo aparece como una oportunidad para renovar el plantel sin renunciar al protagonismo alcanzado durante los últimos años.

El equipo terminó como subcampeón del mundo después de una competencia exigente, marcada por el desgaste físico y la necesidad de administrar a varios futbolistas que acumularon numerosas temporadas en la elite. El recorrido confirmó que Argentina mantiene su capacidad para disputar los grandes torneos, aunque también expuso la necesidad de comenzar una transición generacional.

La primera definición estará relacionada con Scaloni. El entrenador sorprendió después de la final al reconocer que necesita evaluar distintos aspectos antes de decidir si continuará al frente del seleccionado. Aclaró que cumplirá su contrato hasta diciembre, pero dejó abierta la incógnita sobre lo que ocurrirá a partir de 2027. La conducción de la AFA, encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia, intentará convencerlo de encabezar el próximo proyecto y darle continuidad al proceso más exitoso de las últimas décadas.

Desde su llegada, Scaloni construyó un equipo que conquistó el Mundial de Qatar, dos Copas América y la Finalissima, y que volvió a alcanzar el partido decisivo de una Copa del Mundo en 2026. Su permanencia permitiría conducir el recambio desde una identidad ya consolidada, con un cuerpo técnico que conoce a los referentes y sigue desde hace años a las nuevas generaciones.

El otro gran interrogante pasa por la figura de Lionel Messi. La final disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey pudo haber sido su última presentación mundialista, aunque el capitán todavía no confirmó si continuará jugando para la Selección en los próximos compromisos.

Messi terminó el torneo atravesado por el esfuerzo físico y la carga emocional de una nueva final. La derrota ante España tuvo además un fuerte componente simbólico: enfrentó al país en el que construyó su carrera con Barcelona y volvió a vivir una definición dolorosa en el mismo escenario donde en 2016 anunció su renuncia al seleccionado después de la Copa América Centenario.

A diferencia de aquella etapa, su legado dentro del equipo ya no depende de un resultado. Messi se consagró campeón mundial, ganó dos títulos continentales y se convirtió en el principal referente de una generación que devolvió a la Argentina a los primeros planos. Si decide continuar, podrá acompañar durante algún tiempo la transición; si elige cerrar su recorrido, dejará una estructura preparada para avanzar sin borrar su influencia. Su eventual salida también abrirá el desafío de distribuir el liderazgo. En lugar de reemplazar una figura irrepetible, la Selección deberá construir una conducción más compartida entre futbolistas que crecieron a su lado y jóvenes que comienzan a incorporarse.


Recambio en marcha

La renovación no comenzará desde cero. Después del Mundial de Qatar 2022, Scaloni ya había introducido modificaciones para sostener la intensidad y ampliar las alternativas. Ángel Di María se retiró del seleccionado, mientras que Franco Armani, Ángel Correa, Alejandro “Papu” Gómez, Marcos Acuña y Germán Pezzella dejaron de tener la presencia de los primeros años.

Ese antecedente demuestra que el cuerpo técnico pudo renovar piezas sin alterar la identidad colectiva. Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez se incorporaron progresivamente, asumieron responsabilidades y terminaron convirtiéndose en figuras centrales del equipo.

El próximo ciclo demandará una transformación más amplia. Nicolás Otamendi tendría 42 años en 2030 y Nicolás Tagliafico llegaría con 37. Ambos fueron pilares defensivos y referentes del vestuario, aunque su presencia en la próxima Copa del Mundo aparece condicionada por la edad.

Rodrigo De Paul y Leandro Paredes alcanzarían los 36 años, mientras que el rosarino Giovani Lo Celso tendría 34. Podrán seguir aportando durante distintas etapas del proceso, pero el seleccionado deberá preparar paulatinamente a quienes asumirán sus funciones en el mediocampo.

La situación también alcanza al arco, con las diferencias que se contemplan para esa posición. Emiliano Martínez tendría 37 años en el próximo Mundial, Juan Musso llegaría con 36 y Gerónimo Rulli con 38. La experiencia de los tres ofrece garantías para el corto plazo y, al mismo tiempo, concede margen para desarrollar nuevos arqueros sin apurar la transición. En ese escenario, entre las promesas asoma Santiago Beltrán, el arquero de River que tiene 21 años.

El costado alentador es que buena parte de la columna vertebral llegará al Mundial 2030 en plena madurez futbolística. Cristian Romero y Lisandro Martínez tendrían 32 años, una edad en la que los defensores suelen combinar plenitud física, experiencia internacional y capacidad táctica.

En el mediocampo, Enzo Fernández llegaría con 29 años y Alexis Mac Allister, con 31. Los dos ya conocen la exigencia de disputar finales con la Selección y aparecen como candidatos naturales para conducir futbolísticamente la próxima etapa. La delantera también conserva una estructura de primer nivel. Julián Álvarez tendría 30 años y Lautaro Martínez alcanzaría los 32. Ambos acumulan experiencia en los principales torneos internacionales y llegarían en condiciones de transformarse en los líderes ofensivos del equipo.

Nicolás González también tendría 32 años, mientras que otros futbolistas incorporados durante los últimos ciclos podrían sostener la competencia interna. Esa base permitirá que los jóvenes ingresen de manera gradual, rodeados por jugadores acostumbrados a defender la camiseta argentina en escenarios decisivos.


Una generación joven con múltiples alternativas

La renovación ofrece además una cantidad de nombres que la Selección no tenía en otras transiciones. Nico Paz, Alejandro Garnacho, Franco Mastantuono, Facundo Buonanotte, Claudio Echeverri y Matías Soulé aparecen entre los futbolistas con mayor proyección para el mediocampo y el ataque.

Valentín Barco, Valentín Gómez y Lautaro Rivero representan opciones para renovar el sector defensivo. Máximo Perrone y Ezequiel Fernández pueden competir por un lugar en el centro del campo, mientras que Santiago Castro, Joaquín Panichelli y Giuliano Simeone amplían las variantes ofensivas.

También aparecen Gianluca Prestianni, Benjamín Domínguez y otros juveniles que todavía transitan las primeras etapas de sus carreras. No todos llegarán al Mundial 2030, pero la amplitud de alternativas le permitirá al cuerpo técnico elegir según rendimiento, evolución y necesidades del equipo. El desafío será convertir esa abundancia de talento en una estructura equilibrada. Los nuevos jugadores deberán ganarse un lugar por su presente y no únicamente por su potencial, mientras los campeones podrán acompañarlos durante una transición progresiva.

Las primeras señales aparecerán en la fecha FIFA de septiembre, cuando Argentina vuelva a jugar con posibles compromisos en Estados Unidos o Asia. También habrá una nueva ventana internacional entre el 9 y el 17 de noviembre. Esos partidos permitirán observar qué referentes continúan, quiénes reciben descanso y cuáles son los jóvenes elegidos para empezar a integrarse. Más que una reconstrucción urgente, será el comienzo de una renovación planificada después de un Mundial en el que Argentina volvió a demostrar que permanece entre las principales selecciones.

La derrota en la final no clausura el ciclo competitivo: abre una etapa distinta. La continuidad o no de Scaloni y Messi marcará el ritmo de los cambios, pero la Selección conserva una base experimentada, campeones en edades productivas y una generación joven que ofrece variantes en casi todas las posiciones.

El camino hacia 2030 comenzará con despedidas y decisiones difíciles, pero también con una ventaja significativa: Argentina no necesita recuperar un lugar perdido. Parte desde otra final del mundo y con los recursos necesarios para renovar su equipo mientras continúa compitiendo.


Ojo de Prensa
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