Luiz Inácio Lula da Silva ganó este domingo el balotaje presidencial de Brasil frente a Flávio Bolsonaro y consiguió la reelección para un cuarto mandato. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) revirtió la desventaja de la primera vuelta y se convirtió en el primer candidato en alcanzar la Presidencia después de terminar segundo en la instancia inicial, desde el regreso de las elecciones directas en 1989.
Con el 99,79% de las mesas escrutadas, Lula reunía el 51,76% de los votos válidos, frente al 48,24% del senador del Partido Liberal (PL). La diferencia ya impedía una remontada de Bolsonaro y confirmaba la continuidad del mandatario al frente del gobierno brasileño.
El resultado modificó el escenario que había dejado la votación del 4 de octubre, cuando Flávio Bolsonaro terminó por delante del presidente. Lula reconoció entonces su sorpresa, pero sostuvo que podía revertir la elección. La segunda vuelta confirmó esa recuperación y le permitió sumar una nueva victoria en su séptima participación como candidato presidencial.
El dirigente del PT gobernó Brasil entre 2003 y 2010 y regresó al Palacio de Planalto en 2023, después de derrotar a Jair Bolsonaro. Ahora obtuvo un segundo período consecutivo en esta nueva etapa y un cuarto mandato en total, una marca inédita en la historia del país.
La campaña hacia el balotaje estuvo atravesada por la economía, el costo de vida y la seguridad. Lula defendió la continuidad de las políticas sociales, la inversión pública y la protección ambiental. También presentó la disputa como una defensa de la democracia frente a la posibilidad de que la familia Bolsonaro regresara al poder.
En las semanas previas a la elección, el oficialismo impulsó medidas destinadas a mejorar los ingresos y aliviar el endeudamiento de los hogares. Entre ellas figuraron un aumento del 15% en Bolsa Família, créditos públicos a bajas tasas y programas de refinanciación para personas de menores recursos. El Gobierno también adoptó decisiones para contener los precios de los combustibles.
La discusión laboral ocupó otro lugar central. Diez días antes del balotaje, el Congreso aprobó la reducción de la jornada de 44 a 40 horas semanales y de seis a cinco días de trabajo, sin disminución salarial. Flávio Bolsonaro acompañó la iniciativa en el tramo final de la campaña, mientras sectores empresariales advirtieron sobre sus posibles efectos en los costos de las pequeñas firmas.
En seguridad, Lula propuso reforzar la coordinación entre las fuerzas federales y estaduales, ampliar el uso de inteligencia y tecnología y perseguir las estructuras financieras del crimen organizado. Su plataforma también incluyó prevención en zonas vulnerables, urbanización de barrios populares y políticas para jóvenes.
La protección de la Amazonía fue otro de los ejes de diferenciación con el bolsonarismo. El mandatario defendió la reducción de la deforestación durante su gestión y planteó sostener los controles ambientales. En política exterior, reivindicó el multilateralismo, la integración regional y la autonomía de Brasil frente a las grandes potencias.
La victoria tuvo repercusiones en la Argentina. Cristina Fernández de Kirchner felicitó al pueblo brasileño y al presidente reelecto, y destacó su capacidad para revertir el resultado adverso de la primera vuelta. Otros dirigentes del peronismo también celebraron el triunfo del PT.
El nuevo mandato mantendrá a Lula como una figura central de la política regional y tendrá entre sus desafíos la relación con Estados Unidos. El vínculo con la administración de Donald Trump quedó tensionado por los aranceles aplicados a productos brasileños y por las diferencias en torno al proceso judicial contra Jair Bolsonaro.
