En el último año y medio, la Municipalidad de Rosario clausuró 33 fiestas clandestinas que funcionaban en inmuebles sin habilitación y con graves deficiencias en materia de seguridad. Los operativos, encabezados por la Secretaría de Control, permitieron desactivar eventos organizados en viviendas, galpones y espacios abiertos donde se detectaron instalaciones eléctricas precarias, ausencia de salidas de emergencia, falta de matafuegos y sobreocupación, entre otras irregularidades.
Las inspecciones detectaron reuniones realizadas tanto en viviendas particulares como en galpones, quintas y espacios abiertos, especialmente durante la temporada estival. En numerosos casos, los agentes comprobaron la existencia de instalaciones eléctricas precarias, ausencia de matafuegos, falta de salidas de emergencia, sobreocupación de los espacios y otras irregularidades que representaban un riesgo para quienes asistían a los encuentros.
Los procedimientos se desarrollan con apoyo de las fuerzas de seguridad cuando la magnitud del evento así lo requiere. Sin embargo, gran parte del trabajo comienza varios días antes mediante tareas de inteligencia, monitoreo de redes sociales y el análisis de publicaciones utilizadas para promocionar las fiestas. A esa información se suman las denuncias que realizan vecinos afectados por los ruidos o el movimiento inusual de personas y vehículos.
Cuando los inspectores logran identificar el lugar donde se realizará un evento, suelen concurrir con anticipación para advertir a los responsables sobre la prohibición de llevar adelante la actividad. Si no encuentran a los propietarios o encargados, dejan una notificación formal y posteriormente regresan el día previsto para verificar que la convocatoria no se concrete.
“Detrás de cada intervención hay una tarea previa de investigación y seguimiento, pero también una respuesta inmediata frente a los reclamos de los vecinos. Nuestro objetivo es cuidar a las personas y evitar situaciones que puedan terminar en una tragedia. En muchos de estos lugares encontramos condiciones realmente alarmantes desde el punto de vista de la seguridad”, sostuvo el secretario de Control, Diego Herrera.
El funcionario remarcó además que las fiestas clandestinas generan una competencia desleal con los establecimientos habilitados, que deben cumplir exigencias técnicas y de seguridad para desarrollar su actividad. “Quienes desarrollan actividades de manera formal realizan inversiones y respetan las normas. No podemos permitir que funcionen espacios por fuera de todo control, poniendo en riesgo a los asistentes y perjudicando a quienes hacen las cosas correctamente”, afirmó. Según precisó Herrera, la mayor parte de las intervenciones se concentró en sectores cercanos al límite del ejido urbano, aunque también hubo actuaciones dentro del área central de la ciudad.
Sanciones más severas. El endurecimiento de los controles se complementa con la modificación del régimen sancionatorio aprobada por el Concejo Municipal durante el año pasado. La normativa incrementó las multas y responsabilidades tanto para quienes organizan fiestas clandestinas como para los propietarios de los inmuebles donde se realizan.
La ordenanza establece distintos indicadores para presumir la existencia de un evento con fines de lucro, entre ellos la reiteración de encuentros, la difusión en redes sociales, las denuncias vecinales, la contratación de personal, la alteración del tránsito y el uso de equipamiento ajeno al de una vivienda particular. A esos criterios también se incorporó la difusión musical como elemento característico de este tipo de actividades.
Cómo realizar denuncias. Los vecinos pueden denunciar la realización de fiestas clandestinas a través de la línea gratuita 147, mediante Munibot o por el chatbot de WhatsApp al 341-5440147. También es posible efectuar reclamos de manera presencial en la sede de la Secretaría de Control y Convivencia, ubicada en Riccheri 1545.
