La Selección Argentina cerró su preparación en el país antes del Mundial con una goleada sin sobresaltos. Fue 5-0 ante la Selección de Zambia en La Bombonera, en un amistoso que se resolvió rápido y que, por el nivel del rival, tuvo más de ensayo que de examen.
El equipo de Lionel Scaloni mostró una mejor versión que la exhibida frente a Mauritania, sobre todo en los primeros minutos, donde marcó diferencias con intensidad y precisión. En ese arranque liquidó el trámite. El primer gol llegó tras una jugada encabezada por Lionel Messi, que asistió a Julián Álvarez para el 1-0. La ventaja se amplió antes del cierre del primer tiempo con una definición del propio Messi, tras pase de Alexis Mac Allister.
Zambia ofreció poca resistencia. Le costó sostener la pelota, no logró presionar y prácticamente no inquietó al arco argentino, lo que le permitió a la Albiceleste jugar con comodidad y administrar el ritmo. En el complemento, Argentina no se relajó y siguió buscando. Tras una falta sobre Thiago Almada, Messi tomó la pelota, pero eligió compartir protagonismo: le cedió el penal a Nicolás Otamendi, que convirtió con autoridad en lo que fue su despedida del público argentino antes del Mundial.
Más allá del resultado, el partido dejó algunas señales: mayor fluidez en ataque, mejores conexiones y una actitud más acorde a lo que suele mostrar el equipo. Pero el contexto obliga a relativizar. El rival no exigió y el encuentro tuvo ritmo de práctica. Como siempre, hubo una gran intervención del arquero Emiliano Martínez que levantó a los hinchas.
Pisando el minuto 93, cuando cerraba la historia, Messi filtró una pelota para Nicolás González, quien se enredó en el control e improvisó una asistencia de taco para Barco, que definió de zurda y, con desvío en el camino, puso cifras finales al encuentro en La Bombonera.
Messi jugó todo el partido y fue el eje de cada avance, en una noche que funcionó más como puesta a punto que como prueba real. La Scaloneta cerró su despedida con una imagen mejorada, pero con interrogantes que solo el Mundial podrá despejar.
Entre la fiesta y la cautela, el seleccionado albiceleste se va con una sonrisa, con el respaldo de su gente y con la responsabilidad más grande: defender la corona. El Mundial espera, y Argentina vuelve a escena con algo que no todos tienen: la memoria reciente de haber sido el mejor equipo del planeta.
