Salta 2141, el juicio: volvió a declarar el gasista Carlos García

El gasista Carlos García pidió la palabra y declaró por segunda vez en el marco del juicio por la fatal explosión de Salta 2141 en el Centro de Justicia Penal. Volvió a remarcar cómo lo afectó la tragedia sin hacer hincapié en su labor aquel 6 de agosto de 2013, cuando realizaba arreglos en el edificio que acabó volando por los aires y derrumbándose, provocando la muerte de 22 personas y dejando más de 60 heridos. Contó que en su corta estadía en la cárcel pensó en suicidarse y que salió adelante gracias al apoyo de la iglesia evangélica, colaborando con tareas para sacar a los chicos de las drogas. 

“Salta 2141 me causó muchísimo daño en todo sentido, para mí fue lo más terrible que me haya pasado en la vida. Seguí siempre con algo que me faltaba y retomé la iglesia a la que había ido durante mucho tiempo, empecé a poder revertir este incidente, no olvidarme, no va a pasar jamás, pero me empezaron a decir que así como me habían ayudado a mí, yo tenía que ayudar a otros. Empecé a visitar a los chicos en situación de calle con adicciones, estuve haciendo esa tarea, formamos un grupo”, afirmó.

García no aceptó preguntas y su declaración fue guiada por una de las abogadas del equipo que lo defiende, comandado por Hugo Bufarini. A lo largo de la jornada declararon también el periodista Claudio González (le hizo una nota exclusiva para La Capital en 2016 al gasista), una psiquiatra que lo atendió los días posteriores a la explosión y un pastor que lo recibió en la iglesia Santuario de Fe. 

El relato completo

“Entre las 9 y las 9.30 del 1° de agosto de 2013 me dirigí a Litoral Gas (24 de Septiembre y Ayacucho) para poderme informar y pedir una orientación técnica sobre cómo proceder para cambiar el regulador de Salta 2141. En la portería hay un libro de ingreso a la planta, al cual me registré e informé a qué sector iba. Me anoté con nombre, apellido, número de matrícula y documento. Me dirigí a la Oficina Técnica de la empresa. La consulta que hice fue cómo debía realizar tanto informativo como formularios para cambiar el regulador. Hablé con un inspector (Alejandro Vila), le presenté a él las inquietudes que yo llevaba. Vila me contestó que íbamos a seguir el protocolo de siempre, ir, consultar y para cambiar siempre nos mandaban a cambiarlo sin hacer absolutamente nada escrito y él me dijo que íbamos a seguir el protocolo. Me dijo ‘cerrá la llave, cambiá el regulador’, después llamar a la guardia y rehabilitar el servicio”, comenzó.

“La única constancia que tengo de que estuve en el lugar fue el libro que estaba en la entrada. Es un libro rutinario que usa la empresa, donde se registran los matriculados y toda persona que vaya a la planta”, señaló y reconoció su firma en el libro que le exhibieron.

Luego se refirió específicamente al 6 de agosto, el día de la tragedia: “Mi ayudante Miño siempre desarrollaba la misma actividad, era bajar herramientas, acomodarlas en el lugar de trabajo y luego que terminábamos, cargarla nuevamente a la camioneta. Ese día lo único que hizo fue bajar las herramientas, no tocó absolutamente nada ni tampoco yo lo hacía participar en la parte técnica del trabajo. Él cargaba y descargaba herramientas”.

“Volví porque había salido a pedir ayuda. Cuando regresé a Salta 2141, entré por la puerta e intenté llegar a la cabina de medidores, no me fue posible entre el humo, el gas y el calor que había allí. Yo perdí el control. Por momentos no supe más nada. Aparecí en la vereda, sentado con unas personas que me habían tomado de los brazos. Digo esto porque fui ahí a buscar a Miño, pensando que estaba adentro. No lo encontré y estaba golpeado, lastimado por un montón de lados que no explicaba cómo había pasado. Y lo encontré a Miño que venía caminando de Oroño hacia Salta. Nos abrazamos y estuvimos con él: mi temor era que él hubiera muerto, cuando lo encontré fue un momento en que pude abrazarlo y estar con él.
Lo llevé adonde guardaba su moto y lo dejé allí. Después de eso me fui a mi casa pero en el camino tuve problemas, tuve que bajarme de la camioneta, no me sentía como para conducir. Llegué a mi casa y me quedé en la puerta y no me bajé de la camioneta porque realmente estaba descontrolado”, expresó.

“Mis hijas me encontraron y me ayudaron a ingresar a mi casa, llamaron a emergencias y me estuvieron medicando hasta que se contactaron con el doctor que me está defendiendo y le preguntaban mis hijas qué debía hacer. Él sugirió que me entregase pero no llegué a hacerlo porque en el camino me detuvieron y me llevaron a la seccional 3°”, afirmó el gasista.

  • “Estuve preso, me trasladaron a la Unidad III, estuve 14 o 16 días hasta que el doctor Javier Beltramone me dio la libertad. Esos días fueron terribles para mí, el lugar donde estábamos era muy reducido y había mucha gente. En lo único que pensaba era en un suicidio, no le veía sentido al seguir viviendo, solamente pensaba en eso y no causar más problemas a mi familia, que era la que sufría muchísimo”, contó.
  • “Cuando salgo en libertad, no podía estar en mi hogar, no podía salir a la calle, tenía los pantallazos del fuego del siniestro, no podía vivir. A raíz de eso me contacto con una psicóloga y una psiquiatra, que me ayudaron muchísimo, me medicaron por 8 meses o un año y yo seguía en una posición ‘no normal’, era otra persona”, añadió.

“Salta 2141 me causó muchísimo daño en todo sentido, para mí fue lo más terrible que me haya pasado en la vida. Seguí siempre con algo que me faltaba y retomé la iglesia a la que había ido durante mucho tiempo, empecé a poder revertir este incidente, no olvidarme, no va a pasar jamás, pero me empezaron a decir que así como me habían ayudado a mí, yo tenía que ayudar a otros. Empecé a visitar a los chicos en situación de calle con adicciones, estuve haciendo esa tarea, formamos un grupo”, reveló.

“Todo eso me fue calmando un poco y me permitió transitar un poco de paz. Todos los 6 de agosto me reunía en el santuario de calle Salta y era otro motivo para frenar toda esa ansiedad y lo vivido. Cada que paso por ese lugar me empieza a traer los recuerdos de ese 6 de agosto. Posteriormente a todo esto que yo viví, para mí fue horrendo, terrible, porque en realidad perdí los ahorros, las maquinarias, todo lo que tenía de trabajo. Me quedé sin trabajo y me quedé sin nada. Para poder vivir y paliar la situación económica, tuve que vender camioneta, auto, camión, maquinaria, tuve que vender todo. No me quedó nada. Espiritualmente estoy recuperando un poco, este tiempo de juicio me vuelve otra vez a refrescar la memoria de eso que he vivido. Me estoy tratando con unos psiquiatras, ahora con obra social. Me medicaron porque veían que mi forma de actuar no era la misma, siempre fui un hombre de trabajo, de familia y era como que estaba alterado, muy acelerado en mi vida”, concluyó.

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