Salta 2141, el juicio: Adrián Gianángelo reveló el camino a la tragedia

Adrián Gianángelo declaró como testigo aportado por la querella en el marco del juicio por la tragedia de Salta 2141, ocurrida el 6 de agosto de 2013 y que se cobró la vida de 22 personas, entre ellas Débora, su hermana. El muchacho relató la situación que atravesó desde adentro, ya que vivía junto a ella en un departamento de la torre que voló por los aires en la peor tragedia de la historia de Rosario.

Sus padres participan de cada jornada. Antes de ingresar cuelgan sus banderas en las afueras del Centro de Justicia Penal. En la puerta de la sala en la que se desarrolla el juicio apoyan carteles con la cara de su hija y el pedido de justicia. Un puñado de familiares también se suma al reclamo, pero son los Gianángelo la única familia que llegó activamente al juicio buscando responsables por la fatídica explosión. Adrián no pudo participar en los primeros días ya que debía declarar como testigo, que se adelantó varias jornadas para que pueda seguir el desarrollo junto a sus padres. 

Los imputados son Carlos Osvaldo García, el gasista que manipuló el regulador de gas minutos antes de la explosión; Pablo Daniel Miño, ayudante del gasista; Bolaño, Guillermo Oller y Luis Curaba, inspectores de Litoral Gas, y Claudio Tonucci, jefe de mantenimiento de redes de la empresa. También son acusados Viviana Beatriz Leegstra, gerenta técnica de Litoral Gas, Carlos Repuppili, Mariela Calvillo y Norma Bernarda Bauer, administradores del consorcio del edificio, y José Allala, quien hizo tareas de reparación en el sistema de gas días antes de la explosión.

El relato completo

La historia previa

“Cuando sucedió la tragedia alquilaba un departamento en el 3° C con mi hermanita. Esa mañana yo salía de mi casa porque entre la propietaria del consorcio nos habían obligado a quedarnos, habían puesto circulares porque iba a pasar un gasista matriculado”, comenzó su relato.

“Nuestro departamento era el único habilitado porque a fines de junio teníamos problemas con el gas. Mi hermana me salva la vida a mí y a una amiga porque me dice esa mañana que me vaya a Tribunales, donde yo trabajaba”, contó.

En ese sentido, hizo un paso a paso de la historia que terminó con la muerte de Débora. “El 28 de junio de ese año comenzamos a tener problemas con Litoral Gas porque me atrasé con el pago de una factura y nos cortaron el gas. No tenía gas, empiezo a preguntar y el portero me dijo que había dejado entrar a inspectores y me habían puesto un cepo en los medidores”, sostuvo.

Corte de gas y arreglos

“Llegó mi hermana y tampoco sabía qué había pasado. Llamé por teléfono y una señora me dijo que por falta de pago me habían cortaron el gas. Averiguo cómo tenía que hacer y le advertí a Laura Martín (propietaria del departamento que ocupaban) de irregularidades del edificio”, continuó su declaración.

“Cobré, mandé a mi hermana a pagar y le hicieron firmar un formulario que habilitaba a Litoral Gas para que registren si estaba en condiciones el departamento, le llevo el documento a la propietaria que vivía en el 9° B, me dice que lo iba a hablar con el consorcio, con Norma (Bauer) y Mariela (Calvillo), de la administración del consorcio”, ahondó.

“No vuelvo a tener gas al otro día, vuelvo a llamar a Litoral Gas y me dicen que había un inspector en la puerta de mi casa (Gerardo Bolaño), entra, saca el cepo, me da gas, y los caños estaban por encima de nuestras cabezas, constata que los caños estaban podridos, pasa la mano por arriba y ve todo el óxido, le dije que qué había que hacer y me dijo que había dos soluciones: pasar un líquido que era un sellador o cambiar toda la estructura. Los caños estaban pintados por abajo y arriba podridos. No vino al departamento. Hizo un formulario, me dio gas y se fue”, expresó.

Le cuento a la propietaria de mi departamento de esas irregularidades y contó que la administración le presentó a José Allala para hacer los arreglos en su casa.

“Nos presentan a un gasista de su confianza que tenía que hacer los arreglos en casa. Anterior a eso, cuando mi hermana firma el formulario había dos personas esperándome abajo, dos inspectores (Vilas y un muchacho alto, flaco), entran al departamento y constatan que teníamos un calefactor sin salida y cuando lo prueban tenía pérdida. El calefón quemaba mal y atrás de la cocina un flexible quemado y en las habitaciones faltaban las rejillas de ventilación en el ambiente. Se lo comento a administración, que dijo que teníamos un mes para poner todo en regla”, añadió.

“Laura me dice que la administración iba a dar un gasista de su confianza, viene José Allala con su hijo y Mario Gauna (plomero que había trabajado antes en el edificio) vino más tarde. Hicieron todos los arreglos de la casa, cambiaron los flexibles, la válvula en cocina y comedor e hicieron trabajos de ventilación”, expresó.

Tras casi 15 días, un día, el 25 de julio llegó a su casa y no había gas. “Comenzaron los problemas en todo el edificio, nos sacan el medidor y nos quedamos sin gas. Se discutía si se iban a poner dos reguladores o uno. El gas se rehabilitó al día siguiente: ese día llego y veo a Allala trabajando en el gabinete del edificio. Me conocía y me mostró cómo pasaba detergente sobre los caños y hacía burbujas”, detalló y realizó un gráfico en una pizarra, en la que mostró dónde estaban las pérdidas en niples y codo.

Contó que Allala martilló “durante horas”, que le pagaba en cada hexágono de “la rosca” frente a un grupo de vecinos. Sacó todo el aparato y mostró que estaba “muy gastado”. “Le puso Litargirio (una pasta que al secarse adquiere una consistencia dura y compacta), le puso grasa y montó todo de nuevo. Volvieron a probar y otra vez perdía. La llave la tuvieron que abrir entre dos personas porque estaba dura”, dijo.

Tras varias pruebas y una queja por no conseguir repuesto, habilitaron el gas, pintaron todo el sistema de amarillo y no esperaron a los inspectores para irse. Ese viernes por la noche llegó un “petisito” de Litoral Gas, que llamó a una cuadrilla porque vio “muy grande” la rosca que había martillado Allala y constató con escasa iluminación la correcta realización de los trabajos.

El departamento para mostrar

“Me indicaron que tengo que ir para arriba por si viene el inspector. Mi departamento estaba habilitado por inspectores, tenía todo en condiciones. calefones hacían explosiones de gas, presión de gas, todos los vecinos teníamos problemas. Si inspeccionaban otro no podían habilitar, el único que tenía las rejillas era el nuestro. Subí, constaté el gas y no salía”, agregó.

“Un inspector había marcado un circulo amarillo que como el edificio tenía pérdidas ahí iba una llave de corte para hacer un trabajo. Personas de Litoral Gas que fueron a rehabilitar, antes se fijaron en el gabinete si había pérdidas, pero no subieron a los departamentos a revisar”, ahondó.

“El gas funcionaba mal, tardaba 40 minutos en calentarse el agua. Empezó la discusión entre vecinos sobre si había que cambiar el regulado. Dijeron que cobraba muy caro y que iban a llamar a un matriculado y ahí aparece (Carlos) García. Estaban viendo presupuestos para comprar un regulador, que era como un globo, le daba aire y si estaba sin usar ese globo se contraía y se achicaba y por eso había que cambiar el regulador”, graficó.

Reunión privada

“El 5 de agosto teníamos miedo los vecinos. El calefón hacía explosiones al irnos a bañar. Mi hermana fue a España 55 a la inmobiliaria de Calvillo por irregularidades y el peligro de los caños. El 2 de agosto hubo una reunión de consorcio entre propietarios. Se hizo en un departamento, en el 9°B. Norma Bauer hacía de voz cantante de Calvillo, era propietaria de varios departamentos. Carlos Repuppili, otro de los administradores, intimaba con carta documento”, explicó.

“No estuve en esa reunión. Me comentó (Iván) Gasparini que había 6 o 7 propietarios, presentaron al gasista García, más barato económicamente, dijo que el trabajo era ‘una boludez’ y que en dos horas lo solucionaba”, reveló.

El 6 de agosto

“Todos los propietarios hablaban de cambiar el regulador, si era barato, si era caro. Finalmente, el 6 de agosto vino García a trabajar al edificio. Como todos los días, me levanto temprano, había pedido permiso para ir más tarde, nos teníamos que quedar a la mañana, me visto y mi hermanita me dice que me vaya tranquilo que ella se quedaba, venía un gasista que no conocía pero la visitaba una amiga. No teníamos un peso y necesitaba trabajar”, recordó.

Contó además que muchos vecinos increpaban a su hermana como la que había hecho la denuncia a Litoral Gas y que había llevado al corte de suministro. En realidad había sido otra vecina. “Lamentablemente cuando un edificio se queda sin gas, todos increpan a la chica que hizo lo que tenía que hacer…”, dijo.

“Salí para trabajar, en el pasillo de Tribunales me suena el celular y me dicen que había explotado una caldera en un supermercado cerca de mi casa. Un taxista me lleva a toda velocidad, llego al lugar, veo todo en llamas, mi casa, la entrada de mi casa, una llama terrible que salía de donde estaba el gabinete, que pegaba contra un auto y una planta”, comenzó.

“Empiezo a preguntar a todos dónde estaba mi hermana, porque sabía que estaba adentro. Fue una búsqueda terrible porque recorrimos todas las morgues y hospitales para encontrar a mi hermana. Una desorganización terrible, las listas te mostraban cualquier cuerpo y al no encontrar a mi hermana en ningún lado, vuelvo al lugar, encuentro a mi hermano que había llegado con los bomberos de Casilda”, continuó.

“Me dijo que había una chica herida, no podían entrar ahí. Nos dividimos porque un bombero dijo que se podía entrar por el estacionamiento de La Gallega y allí no me moví más. No es para echarle la culpa que estaba ahí, pero nadie estaba preparado para lo que se vivió acá… Recuerdo mucho las discusiones entre los bomberos para ver cómo operaban ahí adentro, faltaban guantes, no teníamos disco, no teníamos agua. El estacionamiento a medida que se hacía de noche nos apagaba las luces. Se hizo cada vez más difícil… Nos cerraron las puertas para que no podamos entrar al baño ni a lavarnos la cara, mientras iba subiendo la desesperación por encontrar a mi hermanita”, dijo emocionado.

“La discusión entre rescatistas era si buscaban una grúa vieja y grande para entrar al edificio. Era un lugar delicado, si tocaban algo era como un rompecabeza que se iba cayendo pieza por pieza. Toca una pared del súper y parte del edificio, se desestabiliza el edificio que teníamos atrás. Hasta el segundo día no nos habíamos dado cuenta que faltaba la torre donde yo vivía”, sostuvo.

“Un bloque gigante que aplastaba lo demás era un tanque gigante de agua. La grúa para sacarlo con un cable, bloque se parte al medio y cae arriba de todo. Y no me olvido más lo que me dijo un bombero, que me dice que si había alguien ahí había muerto aplastado por la masa gigante que cayó ahí encima”, pronunció.

“Cuento esto para que vean lo que hemos luchado por mi hermana. Los perros ya buscaban por un lugar y yo decía que mi hermana estaba seguro ahí y que estudiaba en el comedor o cocina, siempre en el mismo lugar. La brigada decide hacer perforación en la parte de La Gallega y meterse por el lado de las cocheras”, siguió.

“El amigo de un hermano se trepa por un hueco y llegan hasta una chica rubia y cuando salen me dice que era mi hermana. Veo gente de la Municipalidad y Bomberos empiezan a acomodar un montículo de tierra al lado de los departamentos. Estaba llegando la presidenta Cristina Kirchner, se paralizó la obra un montón de tiempo”, lamentó.

“En la autopsia se revela que mi hermana muere de asfixia. Siempre me pregunto qué hubiera pasado si en vez de parar hubiesen seguido trabajando. Cuando la encuentran era la noche de mi cumpleaños el 8/8, yo cumplía 30 años, estábamos preparando toda la fiesta esa semana. Así es la vida, el día que nací, muere mi hermana”, indicó.

“Vino el Padre Ignacio y me dijo que solo Dios podía curar el dolor en mi corazón. Me llevan (Marcos) Escajadillo y el jefe del Sies, me dan dos rosarios comprimidos: el mío y el de mi hermana… Ella lo tenía en la mano. Y me anuncian que había fallecido”, dijo entre lágrimas y un silencio conmovedor en la sala del juicio.

“La tragedia nos ha mandado a un abismo muy oscuro. Mi hermanita era todo para nosotros, yo la convencí de que estudiara abogacía. Vengo a contarles lo que vi, no me la contaron, yo la viví, antes y posterior. Vine a buscar a dos de mis vecinos que faltaban y estuvimos ahí dándoles algo caliente y comida a todas las personas que participaban ahí”, cerró el relato.

Respuestas

Luego, frente a las preguntas de otros imputados, señaló que “Bolaños dijo que estaban todos los caños podridos y que iba a volar todo a la mierda”. “Estaban pintados para tapar el óxido. Me dijo que la administración se tenía que hacer cargo pero no lo iba a hacer porque era muy caro”, sostuvo.

“Gauna y Allala trabajaron en el regulador y le dieron mazazos a la rosca que unía el caño central del gas con el otro aparato un montón de horas. La llave de paso tuvieron que hacer muchísima fuerza. Pintaron los caños viejos. Litoral Gas no entró departamento por departamento a inspeccionar, no usaron luz”, pronunció.

“El gabinete del regulador estaba en el hall, no en la línea municipal”, detalló, al tiempo que señaló que hubo cinco reclamistas de Litoral Gas entre el 25/7 y el 6/8.