Piden 12 años de prisión para joven que chocó y mató a altísima velocidad en zona sur

La fiscal Valeria Piazza Iglesias pidió 12 años de prisión para Gastón Dlugovitzky, el joven de 21 años que el 6 de marzo pasado chocó a alta velocidad a un utilitario que cruzaba avenida San Martín y le produjo la muerte a su conductor. La funcionaria de la Unidad de Delitos Culposos (MPA) lo hizo al presentar la acusación y pedir la apertura del juicio oral y público.

Para la Fiscalía, la conducta de Dlugovitzky –que conducía un Ford Focus y terminó con la vida de Fabián Cragnolino–, se enmarca en un “homicidio simple con dolo eventual”, por eso perfora la barrera de hasta cinco años que plantean los hechos culposos, sobre los que generalmente se discuten los siniestros viales.

En la acusación, fundamenta esa calificación “en razón de que el mismo circulaba a las 22.45 a una velocidad despiadadamente rápida por una avenida altamente transitada por hombres, mujeres y niños; el imputado no frenó en ningún momento al cruzar la intersección con calle Garibaldi, y además de acuerdo a la evidencia recolectada lo hacia en forma habitual. Tuvo la intencionalidad de jugar con la vida propia y la de terceras personas”.

“Todas estas particularidades se ven agravadas por el hecho de que no fue una circunstancia aislada, sino que su conducta era habitual haciendo palpable la posibilidad de representarse el resultado, y no obstante a ello, continuar con la misma, sin importarle el mismo”, señaló Piazza Iglesias, quien además de la pena de prisión efectiva solicitó 10 años de inhabilitación para conducir, el máximo previsto por ley.

Todo se discutirá en audiencia preliminar, que será el 29 de octubre.

Alta velocidad

Entre las pruebas que enumeran contra el acusado, que está detenido desde los días posteriores al hecho en la Unidad 16 de Pérez, indican que según las pericias mecánicas conducía a una velocidad de entre 122 y 130 km. Por las marcas de arrastre metálico y marcas de caucho, la zona de impacto, los vehículos se desplazaron 28,5 metros después del impacto.

“Las fracciones fílmicas aludidas proyectan el recorrido efectuado por el acusado, pudiéndose observar en todas ellas el paso del vehículo en cuestión a una velocidad despiadada”, señala la Fiscalía.

En ese sentido, especifican a través de un informe del laboratorio de Ingeniería Mecánica Forense de la UNR, que “Dlugovitzky recorrió 112 metros en 3 segundos”.

“Si dicho rodado hubiera circulado a la velocidad de 60 km/h, el conductor hubiera dispuesto de 4,5 segundos para reaccionar y tomar una acción evasiva, más aún si se tuviera en cuenta la velocidad precautoria de cruce”, explican.

“Teniendo en cuenta que en los cruces la velocidad debe disminuirse a 30 km por hora, cuadriplicó la velocidad a la que debía según la ley de tránsito circular”, indica Piazza Iglesias.

Audios demoledores

Asimismo, entre la prueba que tiene la Fiscalía y que ya exhibió en audiencias públicas, aparecen audios de Whatsapp tomados del celular secuestrado al acusado. Con ellos fundamentan la habitualidad en la conducta de parte de Dlugovitzky.

  • A fines de febrero, pocos días antes del siniestro fatal, envió: “Lo máximo que anduve en las calles es a 200 clavados, sin frenar en ninguna esquina. Creo que llegué al centro en tres minutos”.
  • En tanto, 3 de marzo a las 18.18 le dijo a una interlocutora: “Estoy yendo a mas de 100 por hora y vos mandándome mensajes, no jodas”.
  • Minutos después, envió otro: “Qué bueno está ir a 130 sin frenar. Tengo que venir bajando a 100 por estas f*** que se cruzan caminando con un perro”.
  • En otra conversación, señala: “Paso a 120 o 140 rozando espejos y eso es porque no le tengo miedo a la muerte. Si me muero, me muero, sonó agrandado pero es la verdad, no hay nadie como yo en ese sentido”.

Desprecio por la vida

Para la Fiscalía, del análisis de los audios se desprende claramente el desprecio por la vida humana, partiendo el desinterés por su propia vida. Su conducta terminó con la vida de un hombre de 40 años, padre de familia, que se desempeñaba en la empresa Lime y como tesorero de la Comuna de Ibarlucea.

“El razonamiento es simple. Gastón Dlugotvitzky sabía que su conducta era peligrosa, temeraria, violenta, que con ella podía matar a una persona. Sin embargo, ello no fue suficiente para que este deponga su conducta toda vez que no le importaba perder su propia vida, lo que nos permite inferir que mucho menos le iba a valer la vida ajena, es decir, él mismo se coloca en la acción típica, antijurídica y culpable y en la figura del dolo eventual, asumiendo una conducta como probable en su realización y no importándole su concreción y por ende el resultado”, concluye la Fiscalía.

Fuente: Rosario3.com.