OPINIÓN | “Siempre con las pibas, pero…”, sobre las denuncias a Cielo Razzo

El comunicado de Cielo Razzo en respuesta a las denuncias de abuso publicadas en un blog bajo el anonimato no fue el esperado. Una “aclaración” que no aportó demasiada claridad. Una completa decepción leer de inicio a fin el mensaje publicado en las redes sociales: “Nos toca jugar una partida amarga”, como respuesta a acusaciones por abuso de menores de propias fanáticas de la banda. ¿Adónde está la empatía?

Entre las respuestas de la publicación, quienes repudiaron el mensaje de la banda y quienes bancaron fervorosamente, muchos bajo el concepto de “siempre con las pibas, pero…”, desmereciendo el valor de las mujeres que se animaron a publicar sus experiencias bajo el anonimato. No estás un carajo entonces con las pibas. Muchos, obvio, fanáticos de la banda rosarina. Y claro, en la “cultura del rock” desde hace décadas se había naturalizado el hecho de que los músicos abusen de su lugar de poder sobre el escenario. La tendencia fue cambiando y comenzaron a revelarse algunos de esos abusos por los que, por ejemplo, Onda Vaga sufrió el repudio social y tuvo que cancelar shows.

Pero todxs (al menos muchos de nosotrxs) atravesamos un proceso de deconstrucción que consta en desaprender, identificar y eliminar las actitudes machistas a las que hemos estado expuestos toda la vida. ¿Quién no avaló una conducta del pasado y ahora la interpreta de otra manera? Recuerdo recitales de Bersuit Vergarabat en los que subían chicas a bailar y eran manoseadas. Y era “normal”. Pero basta.

¿Cuánto mejor hubiera sido que los integrantes de Cielo Razzo se hicieran cargo de las situaciones que afectaron a sus propias seguidoras? Y lo que pierden con el breve y vacío comunicado. “No somos eso, no lo fuimos ni lo seremos”, ni lo volveremos a ser, les faltó agregar.

Aunque no solucione el daño causado, sería más digno pedir perdón y hacerse cargo de aquellos episodios del pasado, sumergidos en el “éxtasis del rock”. Sin responsabilizar a las chicas por lo que les pasó “por subirse a un colectivo” o juzgarlas cuando eran menores de edad y estaban alcoholizadas y/o drogadas. Ni desmerecer los testimonios por no estar firmados con nombre y apellido. O pedir “pruebas”…

“Todo se justifica de la peor manera y más cuando tenés un culto que hace de un cantante una divinidad”, leí en uno de los pocos mensajes rescatables en medio de las disputas por la credibilidad o no de la banda en su publicación vía Facebook. Parte de la cortina musical de mi adolescencia, sus melodías ya no volverán a sonar igual. Con todo el dolor y decepción leí los testimonios y luego el vacío comunicado.

“Ustedes que nos conocen, saben bien quienes somos como personas y el respeto y agradecimiento continuo que siempre demostramos”, cierra el mensaje del grupo. Todos hemos visto a sus integrantes participar de campañas solidarias y nadie duda de su imagen pública. Pero en la intimidad no los conocemos ni sabemos bien quiénes son como personas. O cómo fueron, si ahora cambiaron y enderezaron sus convicciones.

Y esto es como la controversia que se genera cuando el “abusador” es un familiar o un amigo. No hay contemplaciones. Porque con las pibas siempre. Sin peros…