OPINIÓN | Pinola no entendió a Central

Javier Pinola no entendió a Central. Dejó todo en la cancha como jugador y el hincha genuino canalla se identificó con él en el año y medio que defendió los colores, lesiones mediante, con rendimientos que lo llevaron a ser convocado al seleccionado argentino. “No te conocía nadie cuando te trajo el Chacho”, le recriminan los hinchas en las redes.

Lo cierto es que el experimentado zaguero llegó allá por junio de 2015 y rápidamente se ganó un lugar entre los titulares, transformándose en un pilar del equipo de Eduardo Coudet.

Una lesión frente a Atlético Nacional de Colombia por Copa Libertadores lo sacó de las canchas y regresó sosteniendo el nivel que hizo que Jorge Sampaoli lo citara en junio pasado para una gira internacional a la que no asistió para evitar un posible doping positivo, según él mismo contó en TyC Sports.

  • Con el archivo reciente de la escandalosa partida de Marcelo Larrondo por la puerta de atrás del Gigante de Arroyito, Pinola repitió sus pasos y pasó de la noche a la mañana de ser un ídolo y referente canalla a un “traidor”.

Por no saber comunicar, por manejar mal los tiempos de su salida por su tirante relación con la dirigencia, que nunca comprendió que el defensor de 34 años quisiera dar el salto a River para jugar la Copa Libertadores desde los octavos de final, un desafío que había rechazado el mercado de pases anterior, justo cuando se lesionó.

  • Apuró su decisión de irse a River para estar rápidamente a disposición de Marcelo Gallardo y los dirigentes de Central no le permitieron despedirse en San Juan. Los hinchas ya no querían verlo con la camiseta auriazul, esa que con la 25 estampada en la espalda se vio durante meses repetida en las tribunas.

Una historia de amor que se construyó en un año y medio luego de su larga experiencia de diez años en el Nuremberg alemán, se derrumbó de un día para el otro. Los dardos del capitán Marco Ruben no hicieron más que exponer el malestar que quedó en el mundo canalla con Pinola.

  • Las pintadas amenazantes en el colegio de sus hijos fueron un capítulo aparte, que impide todo tipo de análisis en medio de una sociedad que avala el insulto como forma comunicativa en las canchas y en las redes sociales.

“Ya va a venir a Rosario”, es otro de los mensajes que se replican, en el mismo tono amedrentador que alguna vez sufrió Larrondo, hoy acompañado en el mural de los “enemigos recientes” que formaron los hinchas, entre los que figuran los destacados que no supieron cómo bajarse del barco.

Sí entendieron cómo hacerlo Damián Musto y Teófilo Gutiérrez, por citar dos ejemplos del presente mercado de pases. Rumbo al Tijuana mexicano y a Junior de Barranquilla, el volante y el delantero fijaron postura y nadie les reprochó su salida de la institución de Arroyito.

A los hinchas canallas les costó soltar a Pinola y les dolió el desenlace de un jugador que llegó para muchos como un ignoto y, por mérito propio y grupal, se convirtió en uno de los pilares, también con Paolo Montero como director técnico. Por no descifrar la esencia del club y entender las formas, Pinola no entendió nada. Hizo lo más difícil dentro del terreno de juego y se manejó como un novato en su retirada. 

A una publicación en las redes expresando sus sensaciones antes de la vibrante noche que lo depositó en River. O citando a conferencia de prensa para esclarecer sus deseos. Para eso no necesitaba del aval de la dirigencia que sí, como con Larrondo, volvió a intentar dejar como villano a Pinola, que en definitiva fue vendido por tres millones de dólares.