OPINIÓN | Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven

Tras estas semanas de debates calientes sobre la legalización del aborto, de días llenos de violencia pero también de reflexión, de ver imágenes de Hitler con pañuelo verde (en alusión al término feminazi) y de intimidaciones de grupos pro vida (¿?) que amenazan con matar y torturar a las mujeres que quieren aborto legal, me surgen miles de pensamientos que me cuesta ordenar.

Hace unos días tomando un café con una amiga las dos dijimos que el feminismo nos cambió la cabeza, la forma de pensar. El feminismo es empatía. Hablábamos de cómo fue cambiando la sociedad, de que gracias a este movimiento hoy dejamos de naturalizar conductas violentas, que nos queremos y respetamos más, mejoramos nuestros vínculos, aprendimos a unirnos entre mujeres (sororidad) y que muchas de las cosas que en algún momento soportamos, hoy no las permitiríamos.

  • También reconocimos que “salir del closet del feminismo” no es gratuito, es un lugar incómodo, tuvimos que cuestionarnos absolutamente todo lo adquirido y entrar en un proceso de deconstrucción. Sabemos que somos “las pesadas que están con eso de la violencia de género”, pero no nos importa.

Cuando una se reconoce feminista, aunque lo sea desde siempre pero ahora cuesta menos decirlo, ya no hay vuelta atrás. Por eso entiendo que todavía muchxs sigan sosteniendo este sistema de opresión hacia las mujeres: aún hay una gran resistencia porque es más cómodo, es lo conocido, es lo correcto y evita millones de discusiones familiares.

Con respecto a la legalización del aborto creo que ya se dijo todo, a favor y en contra. Está claro que la discusión no es si hay o no aborto, porque todxs sabemos que esta práctica existe desde hace miles de años en todo el mundo y en todas las clases sociales. El punto es si lo queremos clandestino o legal, seguro y gratuito. Desde mi punto de vista esta discusión es mucho más profunda puesto que pone en tela de juicio la maternidad. A las mujeres se nos juzga y castiga por infinidad de motivos pero decidir si queremos o no ser madres es, sin duda, objeto de condena. Nunca más acertada la frase “la maternidad será deseada o no será”.

Salga o no esta ley, el debate ya está instalado. El tabú que generaba hablar de aborto en la mesa del domingo fue cayendo como tantos otros. Me enorgullece saber que las próximas generaciones tendrán mujeres más libres, con menos miedo y más seguras. Que no se callan, que dicen lo que piensan y sienten.

Con la capacidad de decir “no” sin ser juzgadas y con vínculos mas sanos, menos violentos. Que este movimiento haga que los hombres puedan “cuestionarse el mandato de masculinidad” (idea brillante que escuche decir a Rita Segato) es también un alivio en una sociedad que los crió con el precepto de que los hombres no lloran, no demuestran sentimientos y se arreglan a las piñas porque de lo contrario “sos puto”.

Para quienes piden prevención pero rechazan la ley de educación sexual, para quienes dicen “no me representan”, para quienes todavía piensan que el lugar de la mujer es en la casa y con los hijxs, para quienes repudian la educación con perceptiva de género, para quienes creen que feminismo y machismo son lo mismo, para quienes sueltan frases como “que cierren las piernas si no quieren quedar embarazadas” y jamás se les ocurre pensar que existe un progenitor, para lxs que no saben que las mujeres votamos, estudiamos, manejamos, trabajamos y tenemos la patria potestad de lxs hijxs gracias a las feministas, para ustedes también es esta lucha.