Nueva administración, viejos nombres y “superpoderes” en Assa

Luego de salir a la luz la “renuncia” millonaria de la ex gerenta de Recursos Humanos de Aguas Santafesinas, María Victoria Cripovich, la empresa semi privada continúa prestando un servicio básico, universal e indispensable en una suerte de estructura omnipotente en manos de pocos nombres.

El manejo privilegiado de contratos sobre algunas contratistas, el aval de tarjetas corporativas y los bonos para gerentes y cargos superiores equivalentes a un sueldo y medio en bruto resultan parte del gasto de los recursos de los contribuyentes originados durante la gestión socialista y sostenida por la nueva administración pública que prometía tan mentada “renovación” en la política santafesina.

La adjudicación de estos “superpoderes” que dispusieron estas medidas se fueron dando lenta y progresivamente durante la anterior gestión administrativa. En la necesidad de renovar el organigrama la nueva estructura gerencial, designada por la actual gestión de la empresa, aparecen viejos nombres en lugares claves. Estos apellidos otrora decisivos durante la década socialista, hoy manejan los fondos y recursos económicos del gasto y la inversión destinados a la infraestructura en la empresa.

Marisa Mottura, ex vicepresidenta de la prestadora durante la gestión de Antonio Bonfatti, continúa vigente. Un cuadro político que se repite durante una nueva gestión que pretendía renovar la pesada estructura burocrática recibida.

El caso más paradójico es el de María Florencia Bessone, ayudante de cátedra del ex ministro de Economía provincial, Ángel Sciara, y gerenta de finanzas hasta diciembre de 2019. Hoy se encuentra trabajando a la par de la nueva gestión como gerenta de “financiamiento, licitaciones y compras”, avalando el uso de predios de Assa sin pagar alquiler por algunas contratistas. La gerencia que tiene a su cargo maneja un capital anual millonario que administra sin regulación ni auditorías internas o externas. 

La lógica de la nueva administración es clara: se otorgan dos lugares claves que manejan miles de millones de pesos de los contribuyentes, en manos de los tan criticados administradores anteriores, quienes dejaron la provincia en virtual default. Hoy la empresa “da una vuelta de página” en su administración, con las mismas caras, la adjudicación de “superpoderes”, vacía de recursos y con un organigrama de gerentes y subgerentes con sueldos equivalentes a los de una empresa multinacional.

El resultado 14 años después de su constitución está lejos del compromiso por el que se originó la empresa. El objetivo de cubrir las necesidades básicas sanitarias de la sociedad santafesina como el suministro de agua y extender la red de cloacas no fue su preocupación central, y los barrios siguen esperando que mínimamente se les otorguen los servicios básicos tan necesarios para la salud y el desarrollo humano.


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