Familia rosarina denunció grave situación de violencia contra sus hijos en Oliveros

En busca de la supuesta tranquilidad, una familia rosarina se mudó a Oliveros pero desde su llegada no vive más que envuelta de problemas que se profundizaron este fin de semana: un grupo de ocho jóvenes amenazó y golpeó a dos hermanos y un primo, los tres menores de edad, cuando regresaban de bailar de Bora Bora, un boliche en Totoras. Luego de golpearlos, filmaron un video en el que una de las víctimas, obligada, le colocaba una zapatilla a uno de los agresores y le pedía disculpas por molestarlo. La familia comenzó una cruzada para que se terminen estos episodios de violencia.

Las imágenes fueron difundidas en principio entre los agresores y sus allegados y se rumorea que todavía existe el video en los celulares de algunos de ellos. Por eso, los atacados esperan que la Justicia actúe e intervenga los teléfonos de los agresores, que serían “conocidos” en el pueblo.

“Esto no da para más. Los chicos no van mucho al pueblo porque tienen muchas actividades para hacer dentro de Campo Timbó”, explicaron los padres de los hermanos de 15 y 17 años, que contaron que tienen muchos amigos en Rosario e inclusive dentro del predio ubicado a 47 kilómetros de Rosario.

Se mudaron en febrero a Oliveros y al comenzar las clases, en el secundario arrancaron los roces. Se sostuvieron a lo largo del año y en el inicio de 2019 se desató un episodio grave de violencia que colmó la paciencia de los padres, que hablaron con el portal IRE.

El episodio

Los hermanos y su primo fueron y regresaron de Totoras en una trafic. A la vuelta, uno de ellos venía sentado al lado de una chica y comenzó a someterlo. “Me ponía los pies encima, me chocaba, le molestaba, así que me corrí de lugar. Ahí empezó a dirigirse a mí de manera indirecta con cosas que decía y que nos iban a esperar para pegarnos. Nosotros intentábamos evitarlos, de hecho nos bajamos antes porque veíamos que querían problemas”, relató el adolescente de 17 años.

“Cuando nos bajamos escuché el ruido de una moto y supe que venían”, continuó. En esa moto eran tres, entre ellos el chico que los había amenazado en la trafic, y atrás llegó un Clio con cinco personas más. “Se bajó y me empujó, yo tenía relación con esos chicos así que les aclaramos que no teníamos intenciones de pelear con nadie”, agregó.

El relato estaba plagado de ira, pero sobre todo de autocontrol. El muchacho practica artes marciales y se propuso dejar pasar la situación: “Ahí este chico me pegó en la cara. Le dije que no iba a pelear, que ya me había pegado, que la corte. Y me recriminaba que casi lo echaron de la escuela, que le sacaron la moto por mi culpa, no sé cuántas cosas más. Me volvió a pegar un golpe de puño en la boca. Entonces, les pedí a los mayores que lo lleven, que ya me había pegado dos veces y que no quería pelear. Nos dejaron avanzar una cuadra más, y en la otra cuadra me volvió a esperar y me golpeó. Hasta ahí nunca respondí, me pegó tres veces. Era algo humillante, también nos escupían”.

  • “Les pedía a los mayores que no quería pelear, en todo momento nos incitaban, entonces le dije que si era entre nosotros dos peleaba. Cuando empecé a pelear, me prometieron en vano, porque vino otro y me dio a de atrás. Caí al piso, y cuando mi primo quiso separar lo golpearon y lo noquearon. Desde el suelo les decía: ‘Basta loco, ya está, mirá lo que armaste’. Y él seguía”, contó.
  • “Cuando me estoy yendo me dice: ‘Si ustedes se van, los matamos’. Como se le había salido una zapatilla me dijo que se la tenía que poner. Me filmaron mientras le ponía la zapatilla y le pedía disculpas”, reveló el adolescente.

“Me humillaron, se rieron de mí y se fueron. Quedamos los tres mareados, caminando solos. Eran ocho personas que nos pegaron. Paramos a un señor que pasó y nos dio socorro hasta que llegó mi papá”, pronunció.

Más tarde

En ese contexto, el padre del menor tomó la palabra y continuó el relato: “Fuimos a la comisaría, el policía me dijo que teníamos que ir al Centro de Salud. Los chicos se subieron a mi auto. Entramos a la salita, y atrás llegaron con el Clio. Los chicos se metieron corriendo, y uno de ellos entró a la sala donde lo estaba atendiendo el médico, el enfermero y el policía y los amenazó”.

“Hice la denuncia y voy a ir hasta las últimas consecuencias legales. No quiero plata, quiero que vayan presos. Esto se tiene que terminar. Nosotros vinimos de Rosario para vivir tranquilos, no podemos creer que haya pasado esto. Estos pibes no tienen límites, son matones. El pueblo lo sabe y miran para otro lado. Porque ahora a nosotros nos dicen que ya los conocen”, agregó.