El escalofriante testimonio de la joven que denunció por violación a chofer de colectivo

“Enferma, hija de puta, dale que tengo que hacer un rapidito de cinco minutos, que llega el otro colectivo que viene atrás”. Ese fue parte del espantoso relato que hizo una joven de 19 años al denunciar que un chofer de la línea 132 de la empresa El Cacique la sometió y abusó sexualmente de ella a bordo del colectivo, en pleno recorrido y con las luces apagadas de la unidad, en al menos tres oportunidades. El sospechoso quedó imputado por el delito de abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa y abuso sexual gravemente ultrajante consumado, agravado por su condición de servidor público, y se le dictó la prisión preventiva por el plazo por dos años.

El chofer de 36 años que el martes quedó detenido acusado de abusar de un chica de 19 años que abordó el interno 93 de la línea 132 que él conducía el 15 de enero, a las 21.45, llegó este jueves al Centro de Justicia Penal (CJP) acompañado por su defensora Silvana Lamas, mientras su mujer lo observaba atenta junto a otro familiar, callada, bajo un silencio que de a ratos quebraba con su sollozo angustiado.

  • Durante el trámite, la fiscal de la Unidad de Delitos Sexuales Nora Marull hizo un relato cronológico de lo ocurrido esa noche en base a la declaración de la víctima. La joven había salido de su casa en Tío Rolo y tomó un coche de la línea 132 que terminó su horario en la punta de línea de Batlle y Ordoñez y Ovidio Lagos, en el extremo sur de la ciudad.

Según la hipótesis de la fiscal, B. se subió a otra unidad de la misma línea que proseguía el recorrido desde ese lugar. Era la única pasajera y el conductor le dijo que se sentara en el primer asiento bajo la excusa que en los de atrás, donde se había ubicado en primera instancia, “le podían robar”. Llamativamente el chofer arrancó con las luces interiores apagadas, y aminoró la velocidad en la penumbra del puente de Ovidio Lagos a la altura de Circunvalación.

Allí, la chica contó que escuchó una primera imposición perversa. “Vas a tener mis servicios gratis”, le dijo con un tono libidinoso. Y prosiguió el viaje, siempre con el habitáculo en penumbras. Luego, volvió a detener el colectivo en inmediaciones de Ovidio Lagos al 5200, y trabó las puertas para impedirle que huyera.

“Se le acercó y comenzó a darle besos en las mejillas, le pasó la lengua por toda la cara, la sujetó fuerte de los brazos y forcejeó con B. Se bajó los pantalones y el calzoncillo e intentó sacarle la calza que tenía para penetrarla”, describió Marull sobre la dramática situación que vivió la víctima.

Como la joven opuso una severa resistencia, el chofer nuevamente se acomodó en su asiento, y con total impunidad prosiguió el recorrido manejando con los pantalones bajos y el cinto desabrochado. Siempre con las luces interiores del micro apagadas, llegó a la zona del Club Provincial, en 27 de Febrero y Ovidio Lagos.

Otra parada y un nuevo intento de bajarle las calzas a la pasajera para penetrarla vaginalmente, siempre exhibiéndole el pene. Finalmente, llegó a Dorrego y Virasoro y, orillando el colectivo hacia la vereda debajo de un árbol en un contexto de absoluta oscuridad, arrinconó a la chica en el espacio reservado para los discapacitados.

“La hizo inclinar hacia delante, de espaldas a él, se puso agresivo, la insultó y le dijo: ‘enferma, hija de puta, dale que tengo que hacer un rapidito de cinco minutos antes de que llegue el otro colectivo que viene atrás'”, explicó Marull ante la jueza Paula Alvarez. En todo momento, intentó penetrarla pero la víctima se tapó la vagina con las manos para evitar que el colectivero lograra su objetivo.

Sin embargo el hombre prosiguió, mientras se masturbaba le eyaculó igualmente en la calza, en la cara y en las manos, al tiempo que la seguía insultando. Luego le ordenó que no dijera nada. La víctima quedó temblando, aterrada, inmersa en una crisis espantosa. El conductor luego encendió las luces del colectivo, retomó la marcha y empezó a recoger pasajeros como si nada.

  • La chica no se podía bajar hasta que encontró un resquicio en San Luis y Maipú y concurrió a un centro asistencial para pedir ayuda. La Secretaría de Movilidad se hizo eco del hecho y se instrumentaron los mecanismos que derivaron en la grave denuncia.

La fiscal enumeró la evidencia con la que logró acreditar la identidad del sospechoso, Norberto Gabriel M., además de la declaración de la víctima y el acta con resultado positivo de una ronda de reconocimiento donde identificó al agresor.

Además, la Fiscalía tomó declaraciones a responsables de recursos humanos y personal administrativo de El Cacique, a empleados del surtidor de Ovidio Lagos y Batlle y Ordoñez, solicitó los datos del GPS del colectivo (tiene monitoreo), informó sobre los resultados de hallazgo de semen en las prendas de la víctima, y el relevamiento de cámaras de videovigilancia privada y municipales que aún resta evaluar.

Tras remarcar la gravedad del caso, y al solicitar la prisión preventiva del conductor por el plazo de ley, la fiscal también pidió que se perite su teléfono celular y se le practique la extracción compulsiva de sangre para cotejar el ADN con los rastros biológicos hallados en la prendas de víctima.

También encuadró la conducta como tentativa de abuso sexual con acceso carnal, en concurso con abuso sexual gravemente ultrajante consumado, agravado por su condición de servidor público, quien se abstuvo de declarar.

La jueza Alvarez hizo un repaso de la evidencia que interpretó válida para sostener la probabilidad de autoría en esta instancia de la investigación, aceptó la calificación y ordenó la prisión preventiva por el plazo de ley. Al advertir la gravedad del hecho, no pasó por alto el rol de mayor responsabilidad del imputado ante la sociedad.

La defensora pública, Silvana Lamas, no se opuso al encuadre legal que escogió la Fiscalía para imputar Norberto Gabriel M., aunque batalló para refutar la medida cautelar. Resaltó que el chofer de 36 años no tiene antecedentes penales, que está arraigado en su casa donde vive hace 16 años con su pareja y sus tres hijos de 1, 7 y 15 años, y que cuenta con un trabajo estable. Tras interpretar que no se daban los presupuestos de peligrosidad procesal ni de fuga, pidió la libertad bajo fianza ($10.000), que se morigere en prisión domiciliara, o se imponga un plazo a la prisión preventiva.

Fuente y fotografía: Diario La Capital.

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