El engañoso negocio detrás de los que te proponen ser “tu propio jefe”

¿Quieres ser tu propio jefe? La pregunta se repite en muchos perfiles en redes sociales, pero este fin de semana atravesé una nueva experiencia casi religiosa que involucró ese interrogante. Sin buscarlo, claro. Días después de haber visitado el Logos Hope, la “librería flotante más grande del mundo” y publicar una crítica respecto a la falta de información sobre su contenido religioso, un compañero de la secundaria me contestó una historia de Instagram. Me preguntó en qué andaba, teniendo en cuenta que haría unos… ¿12 años que no hablábamos? Chateamos un rato y me dijo que estaba con un proyecto “para ayudar a las personas”, que si tenía ganas nos juntábamos y me contaba más en detalle. Me pareció una excusa para qué se yo, juntarse a tomar unos mates. Raramente accedo a este tipo de invitaciones. He ignorado al menos cinco encuentros con compañeritos del jardín o gente con la que ya no tengo contacto. Pero decidí darle “una oportunidad”, en honor a la buena relación que supimos tener cuando éramos pibitos.

Nos encontramos en una casa en la que iban a estar otras personas que lo acompañaban en su emprendimiento. Era de su amigo, que resultó ser su “patrocinador” dentro de la estructura. Tras preguntarme a qué me dedicaba y sacarme algo de data, arrancó la exposición. Se identificaron como emprendedores de Amway, empresa que desconocía por completo. Comenzaron a hablarme de los beneficios del marketing multinivel y a tirar mucha información acompañada de un Power Point. Referían a un revolucionario concepto de negocio que suprimía los intermediarios inútiles y proporcionaba a sus practicantes libertad personal y financiera. El sueño del pibe.

“Activos financieros”, “win-win”, “Padre rico, padre pobre”, fueron algunos de los términos que fueron repitiendo en lo que parecía ser una pirámide disfrazada, con jerarquías bien definidas y con mayores posibilidades de éxito cuanto más “arriba” se está dentro de la estructura. El marketing multinivel es una estrategia en la que los asociados son retribuidos no solo por las ventas que ellos mismos generan, sino también por las ventas generadas por las personas que forman parte de su estructura organizativa o red. Ellos aclaran que es diferente a la ilegal venta piramidal, aunque según la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos algunas compañías multinivel constituyen esquemas piramidales ilegales por su parecido, que explotan a miembros de su organización.

Fijación de precios de productos, altos costos iniciales, énfasis en el reclutamiento de vendedores de bajo nivel sobre ventas reales, presión para que los vendedores adquieran y usen productos de la compañía, explotación potencial de las relaciones personales usadas para fines de venta y reclutamiento, esquemas de compensación complejos y técnicas similares a las de las sectas.

Sin hacer demasiado hincapié en los productos a comercializar, el negocio parece estar en formar “redes”, es decir, sumar  más gente que se ubique por debajo tuyo y ganar un porcentaje de lo que logre vender y reclutar. Y así sucesivamente hacia abajo. El producto es la excusa. El requerimiento legal al que se abrazan para justificar el negocio. Pero, como en toda pirámide, los que entraron antes siempre ganarán con estos nuevos soldaditos, que en el corto plazo seguramente abandonarán la estructura.

Los “socios” se involucran de una manera increíble. Durante el encuentro, en el que el orador no fue tan convincente, hicieron especial mención a las capacitaciones (pagas, obvio) a las que hay que asistir “sí o sí” una vez por semana, sumado a comprar los libros y bajarse una app con audiolibros. Me mostraron una charla en la que los espectadores ovacionaban las metáforas del expositor y hasta les despertó algunas sonrisas. Ya lo conocían, era uno de estos “líderes” que entraron hace 30 años en la estructura y triunfaron.

Me pasaron audios de otro de los pocos ejemplos de éxito de Amway, un argentino que diseñó redes en distintos países. Y la verdad que es peligrosamente envolvente. Jaime Durán Barba habría preguntado precio para ingresar. Pero yo no. No especulo financieramente y aunque un poco me interesó todo el discurso anti sistema de romper con el molde del típico empleado, me di cuenta que en definitiva se difunden libros de autoayuda que hablan de “cómo ser un líder” o “cómo volverse millonario”. Ni hablar de la contradicción de que sea presentado como un emprendimiento que se puede desarrollar casi sin esfuerzo, pasivamente y paralelamente con otro trabajo y la forma en que piden que se involucren posteriormente, casi abarcando jornadas enteras de “capacitación”.

En medio de la crisis, algunas empresas malintencionadas aprovechan la confusión y la desesperanza para captar seguidores con falsas promesas de enriquecimiento fácil. La oportunidad de negocios de tu vida no te llega a tu cuenta de 100 seguidores en Instagram. Ni implica el reclutamiento de gente ni comercializar productos costosos y débiles desde lo comercial. Detergentes, jabones especiales, cosméticos. Todo ecológico, dicen.

Cuando salí del encuentro, tenía un terremoto en la cabeza. Me llenaron de datos y me fui con la promesa de buscar información. Y me vi todo, desde posturas a favor hasta los audios que difunden. Hice una suerte de investigación y hete aquí mi opinión sobre el tema. Antes de involucrarte en una de estas estructuras como Amway o el famoso Herbalife (con Lionel Messi y Cristiano Ronaldo en sus publicidades), informate. Igual que en las difundidas “mandalas de la abundancia”. Buscá cómo fue la experiencia de otras personas y no te quedes con el tipo que triunfó y da una charla, porque representa el 1% de la comunidad. El 99% restante pierde.

Cuando rechazás el ofrecimiento te indagan sobre tus motivos, apuntan a que no entendiste “el negocio del futuro” y los que ingresaron y se dan cuenta del engaño tienen dos opciones: seguir reclutando a tus conocidos y básicamente integrarlos en la gran estafa o aceptar haber flaqueado y haber sido inducido al error. Lo que me parece clave es comprender que al sumarse, uno termina involucrando a más personas, muchas veces familiares y amigos.

Seguramente, mi compañero de la escuela se enoje. Imagino que nos volveremos a hablar en diez años, con una videollamada. Él desde un yate en Miami y yo en mi departamento de zona sur en Rosario. O no. Y pueda recordar esto como una triste anécdota en su vida. En fin: una experiencia positiva dentro de lo malo. Para difundir esta perspectiva por haber estado inocentemente dentro de una de esas reuniones y para comprender a la gente que, por ejemplo, cree en los pastores brasileños. No (todos) son actores. Les lavaron la cabeza.

Spoiler: Logos Hope, la iglesia flotante y una decepción tamaño crucero