Coronavirus: el relato de uno de los rosarinos aislados tras viajar en el Buquebús con un supuesto infectado

Vino de Europa a Uruguay, se escapó de un hospital y tomó el Buquebús: más de 300 pasajeros, en aislamiento. Dos de ellos son un par de amigos rosarinos que se encuentra en el Hotel Panamericano de Buenos Aires a la espera de una respuesta. Mauricio y Franco habían viajado a Europa para recorrer Italia, Francia y España. Sin embargo, la situación que se suscitó a raíz de la pandemia global de coronavirus los obligó a forzar días antes su regreso al país. 

En ese periplo, la aerolínea cambió los recorridos y los llevó al Buquebús que tomó trascendencia nacional por dejar varadas a 400 personas. La fiscal Alejandra Mángano imputó al joven de 21 años que se enteró que había contraído coronavirus mientras regresaba de Uruguay -previo paso por Europa- en Buquebús. El estudio por el cual se diagnosticó la enfermedad se hizo mediante un kit rápido y su resultado no es definitivo. El joven fue trasladado al Sanatorio Agote donde estará bajo observación.

Debido a la posibilidad de contagio y la necesidad de garantizar la cuarentena de todos las personas que iban en el barco, los más de 300 pasajeros fueron alojados en el Hotel Panamericano del centro porteño.

El joven de 21 años, que vive en Belgrano, enfrenta una grave situación judicial. Se le inició un sumario en virtud de los alcances del DNU dictado la semana pasada que promovió la aplicación de artículos del Código Penal para este tipo de conductas.

Las autoridades judiciales –Mángano y el juez Luis Rodríguez- aguardan los resultados de los análisis realizados en Buenos Aires para determinar si el joven tiene efectivamente coronavirus. Si el resultado fuera positivo, podría llegar a aplicársele una de las figuras más graves que contempla el Código Penal. Podría ser imputado en los términos del artículo 202, que prevé “reclusión o prisión de tres a quince años” para “el que propagare una enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas”.


El relato de los rosarinos


“Habíamos planeado un viaje desde el año pasado para ir a Europa. Empezó en Italia, siguió por Francia y terminaba en España. Con todo esto tuvimos que tratar de volver lo antes posible y nuestra aerolínea cambió el boleto a Montevideo y de ahí tomar el famoso buquebús. Y nos enteramos a la tardecita cuando no nos dejaron bajar por este flaco que subió supuestamente infectado”, inició Mauricio en contacto vía Whatsapp con Ojo de Prensa. 

“Estamos en el Hotel Panamericano desde las 4 de la mañana obviamente cansados. Es verdad que no nos dieron comida en todo el día, recién a las 17.30 nos entregaron una vianda de comida y agua. La situación es desesperante pero estamos tratando de estar tranquilos de que esto tarde o temprano se va a solucionar”, dijo sobre la nula atención e información que les proporcionaron.

“Nosotros somos personas jóvenes, pero hay personas mayores que necesitan medicamentos, que tienen hipertensión o diábetes. Al lado de nuestra habitación hay una pareja que tiene una beba de dos meses y la madre no tenía para darle de comer y se quedó sin pañales, cada familia tiene su problema”, añadió.

En ese sentido, contó cómo fue la transición del transporte fluvial al hotel: “Estuvimos cinco o seis horas en el Buquebús, donde no nos daban información. La gente estaba desesperada, a los gritos y empujones. Éramos 400 personas ya casi sin aire. En un momento empezaron a repartir la comida que tenían a la venta, agua, gaseosas y sándwiches. Empezamos a bajar a las 2 de la mañana, de a grupos de 20 o 30 personas, nos mandaron a una sala de espera y habremos estado hasta las 3.30. Iban sacando de a 20 o 30 para ocupar las combis y llevar al hotel. Primero los mayores de edad, fuimos a buscar las valijas y fuimos en un colectivo de Tienda León y llegamos a las 4. Bajaban de a dos o tres personas, hay algunos que llegaron tipo 8 de la mañana seguía llegando gente”.

“No sabemos cuánto tiempo vamos a estar porque nadie viene a darnos información. No hay médicos que nos vengan a revisar, sí ayer en el buquebús nos midieron la fiebre y por suerte no tuvimos. La comida nos las trae personas ajenas que lo hacen voluntariamente y estamos a la espera de una respuesta para saber qué hacer”, concluyó el joven oriundo de la ciudad. 


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